martes, 11 de agosto de 2009

2009: El año de la poesía negra en Colombia


Candelario Obeso, Poeta Afro cartagenero

28 de marzo de 2009

Se necesitó un presidente desesperado por lograr la aprobación de un tratado de libre comercio con E.U. (al que muchos nos oponemos, tanto en Colombia como en E.U.), y con la esperanza de lograr el apoyo de la bancada afrodescendiente del congreso de ese país norteamericano, para nombrar una ministra afro en Colombia. Y se necesitó que el Ministerio de Cultura tuviera una afrodescendiente a la cabeza para poder reconocer, finalmente, que la poesía afro en Colombia es parte importante de la riqueza cultural de nuestra nación.

Bueno, si nos enfocamos en que hay una ministra afro y nos olvidamos de las intenciones hipócritas detrás de su nombramiento, podemos ver el lado positivo de la historia: Nuestra representante en el ministerio está haciendo algo para reconocer la cultura afro como parte esencial de la riqueza cultural colombiana. Este año del Señor de 2009 es el “Año Obeso-Artel” en Colombia. Es un homenaje a la poesía “negra” de nuestro país, y al mismo tiempo un homenaje a los poetas afro Candelario Obeso, en los 160 años de su natalicio, y Jorge Artel, en los 100 años del suyo.

¡Ya era hora! Me pregunto porqué, cuando en el colegio estudié literatura colombiana, nunca me hablaron de estos poetas, entre muchos otros. Recuerdo haber declamado poesías del autor cubano Nicolás Guillén, porque quería recitar poesía afro en mis clases de español. No quería recitar a Pombo, Silva, Neruda, o García Lorca. Ni siquiera a Benedetti, que es uno de mis favoritos. Quería poesía afro y no encontré ni siquiera en la biblioteca de mi papá (que como biblioteca personal es gigante y muy completa en asuntos afro) un poeta afro colombiano. Bueno, al menos ahora tengo acceso a algunos, y se les está reconociendo a nivel nacional.

Estos dos poetas (Obeso y Artel) no son un fenómeno aislado. Me cuenta mi papá que en sus años mozos había en Quibdó un teatro que se llenaba para oir a poetas locales declamar, y a veces transmitían las veladas por radio. La poesía “negra” siempre ha existido en Colombia, pero ha sido cruelmente ignorada, hasta ahora, 20 años después de que la Constitución reconoció la importancia de la riqueza cultural de las comunidades afro en Colombia. ¿Porqué no hay publicaciones de distribución masiva con los poetas chocoanos de la generación de mi padre? ¿Porqué hay que acudir a lingüistas de élite para encontrar estudios sobre poetas afro? ¿Y porqué tuvimos que esperar a que se nombrara (a la fuerza) una ministra afro para que hubiera un reconocimiento?

Esta oportunidad no hay que dejarla pasar. Este año, con los eventos programados por el Ministerio de Cultura (cartilla disponible en formato PDF en http://www.mincultura.gov.co/?idcategoria=17488) hay que popularizar nuestra poesía y nuestra literatura. Hay que hacer que la literatura y la poesía afro sean parte de los programas curriculares regulares de los colegios y escuelas en Colombia. No se puede hablar de literatura colombiana y limitarse a los autores que descienden de españoles. Esa es sólo una parte de Colombia y no representa la diversidad étnica y cultural del país.

Sólo en el mes de marzo hubo conferencias y recitales de poesía para celebrar la vida y obra del líder Benkos Biojó y los poetas Obeso y Artel. Hubo en Cartagena un seminario internacional titulado “La diáspora africana en el bicentenario de la independencia de Cartagena y la independencia de Colombia”. Y durante los meses siguientes habrá eventos similares en Bogotá, Cartagena, Cali, Bucaramanga, Quibdó y Mompox, principalmente. Los eventos son patrocinados no sólo por el Ministerio de Cultura, sino también por alcaldías, universidades, fundaciones e institutos. Qué gran oportunidad para llevar la poesía y la cultura afro a los programas educativos en Colombia. Es nuestro derecho y nuestro deber.

¿Será que ahora sí?

Los dejo con una de los poemas más populares de Candelario Obeso, quien además escribía poesía dialectal, para ser recitada tal y como hablaban los campesinos y pescadores del Magdalena en sus días. Si se recita en español estándar se pierde magia y musicalidad… Bogá… Bogá….


Ada, Ohio, E.U., 28 de marzo de 2009
Para Barûle Gazette


Canción del boga ausente
Candelario Obeso

Qué trjite que ejtá la noche,
La noche qué trijte ejtá;
No hay en er cielo una ejtrella
Remá, remá.

La negra re mi arma mía,
Mientra yo brego en la má,
Bañao en suró por ella,
¿Qué hará? ¿Qué hará?

Tar vé por su zambo amao
Doriente sujpirará,
O tar vé ni me recuerda...
¡Llorá! ¡Llorá!

La jembras son como toro
Lo r'eta tierra ejgraciá;
Con acte se saca er peje
Der má, der má.

Con acte se abranda er jierro,
Se roma la mapaná...
¿Codtante y ficme? ¡laj pena!
No hay má, no hay má...

Qué ejcura que ejtá la noche,
La noche qué ejcura ejtá;
Asina ejcura é la ausencia
Bogá, bogá!

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Un afro guitarreando en la 7ª en Bogotá


Blacky, en el video Callestano, del grupo La Revuelta,
filmado en las calles del centro de Bogotá


28 de febrero de 2009

Hay personajes que sin ser especialmente sobresalientes pueden tener, sin saberlo, cierto impacto en la sociedad, aunque será de manera indirecta y probablemente nunca recibirán crédito por ello. Son de esos personajes que van cambiando la sociedad despacito y de a una persona la vez.

Hace poco un buen amigo mío compartió conmigo el enlace de un video del grupo La Revuelta junto con la cantante Ivonne Orejuela. Para quienes no los conocen (para mí también son nuevos), La Revuelta es un grupo de “música urbana de marimba chonta”, como ellos mismos se describen, conformado por mestizos y afrodescendientes establecidos en Bogotá, pero con raíces profundas en el Pacífico colombiano (ver http://www.grupolarevuelta.com/). El video, de la canción Callestano (http://www.youtube.com/watch?v=RS163jId28Q), fue filmado en las calles del centro de Bogotá, especialmente en la carrera 7ª, entre calles 22 y 24. Aparte de la calidad fílmica y musical (para aquellos que apreciamos la fotografía y la fusión del hip hop con ritmos tradicionales) me llamó mucho la atención ver a un personaje de esos que menciono al principio de esta columna, en el que no había pensado en años: “Blacky”.

Para quienes caminamos con frecuencia las calles de Bogotá Blacky es uno de esos personajes que uno no puede pasar por alto. Si uno intenta hacerlo él se encarga de hacerse notar. Es un afrodescendiente indigente, alto y desgarbado, casi un guachupé, que frecuenta la zona y que pide dinero a los transeúntes mientras toca una guitarra vieja y maltrecha, que no tiene más tres o cuatro cuerdas, dependiendo del día, y está remendada con cantidades generosas de cinta pegante. Improvisa canciones, generalmente coherentes, y las musicaliza con su guitarra, que se convierte en su tambor cuando palmotea en la caja mientras baila, haciendo reír a la gente, lo cual facilita el pedir dinero De cuando en vez, si está de malas pulgas, insulta a quien no aporta a sus arcas pero generalmente se limita a entretener a los caminantes.

Ignoro cómo llegó a la vida de la calle o si tiene alguna entrada de dinero aparte de las limosnas de los bogotanos. Pero desde allí, desde una calle, con una guitarra, y sin timidez, se ha convertido en alguien que da de qué hablar y pone a la gente a pensar, ya sea por su persistencia, por su inventiva, o por su gracia. ¿Qué impacto tiene? Es un impacto sutil pero importante y él probablemente él no lo sabe. Si uno puede ignorar su aspecto desaliñado y su voz ronca, verá un juglar urbano contemporáneo que habla de las tragedias y las vivencias de la calle en la sociedad actual. Es un testigo de la historia diaria de Bogotá.

Esto es lo que La Revuelta vio en él y la razón por lo cual decidieron incluirlo en el video de la canción Callestano, en la que, siguiendo el espíritu original del hip hop, hay un componente fuerte de crítica social. Blacky nunca va a grabar un CD por su cuenta, pero posiblemente seguirá haciendo apariciones ocasionales para algunos artistas. Nunca va a llenar un coliseo o un estadio, porque su tarima es la calle. Y nunca va a recibir un aplauso de más de un puñado de personas a la vez porque su público son los ciudadanos de a pie que pasan absorbidos en sí mismos. Pero para aquellos que están dispuestos a prestar atención será alguien que puede exponer la cara dura de la vida de una urbe como Bogotá. Alguien que va a contarnos historias cotidianas, tan trágicas como su propia vida. Tan trágicas como mucho de lo que ocurre a su alrededor.

Blacky es un juglar callejero y de cierta forma un filósofo. Un hombre que tiene conciencia de su entorno y de lo difícil que es ser afrodescendiente en las condiciones en las que él se encuentra. Pero a pesar de las limitaciones sigue sobreviviendo y contando historias. Estoy seguro de que si alguien decidiera hacerlo podría escribir un libro con sus vivencias. Sería una ventana interesante a cómo la sociedad bogotana se ve desde abajo a través de los ojos de un hombre afro, venido del Pacífico, que desde su andén y con su guitarra destartalada sigue haciéndonos pensar (o rapear) en la vida, en la sociedad y en nuestra etnia.


Ann Arbor, Michigan, E.U., 28 de febrero de 2009
Para Barûle Gazette

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Afro y Afro estadounidense no es lo mismo

14 de febrero de 2009

Desde hace muchos años, desde cuando yo era niño, me ha llamado la atención el parecido que veo entre la cultura chocoana y las culturas africanas urbanas que he visto en documentales y noticieros (todavía tengo pendiente un tourcito por países africanos). Si uno deja a un lado el idioma las expresiones de la gente son muy parecidas: La forma en que se ríen, el volumen de la voz, la forma en que bailan, la forma en que se expresan cuando están de mal genio e incluso a punto de pelear… Es impresionante ver cómo los niños pequeños juegan con la cámara cuando los están filmando. Ver a un grupo de pequeños en Nigeria es como ver a un grupo de niñitos en Tadó… Incluso he escuchado la historia de un embajador de algún país africano en E.U. que cuando quería sentirse como en casa y no podía organizar un viaje a su país de origen se iba para Quibdó.

He aprendido un poco de culturas afro en América Latina y he encontrado los mismos elementos en comunidades afro de Ecuador, Perú, Brasil, Panamá y Costa Rica. Las culturas antillanas son un poco distintas, pero igual se les ve esa raíz africana. En cuando a las comunidades afro de países como Uruguay, Bolivia y México aún me falta mucho por aprender y no puedo dar una opinión todavía.

Pero cuando uno llega a un país como E.U., las cosas son distintas. Las comunidades afro de por estos lados son bastante diferentes a las que se ven en Latinoamérica. Son mucho menos “africanizadas”, lo cual resulta paradójico en una sociedad donde el elemento africano de su herencia se enfatiza con orgullo. “We are African-American!”. Se enorgullecen mucho de la cultura “urbana” de la mayoría de afrodescendientes estadounidenses y creo que es allí donde sus expresiones se han alejado de las africanas más de lo que se han alejado las comunidades afro latinoamericanas. (Uso comillas en “urbana” porque el concepto de lo urbano en E.U. es diferente al concepto en América latina, donde no existe esa división marcada entre lo urbano y suburbano que se ve en E.U.)

Las comunidades afro estadounidenses (o “americanas”) han desarrollado su propio acento, que es bastante homogéneo en todo el país, algo que no se ve en las comunidades no afro, y han modificado (algunos dirán ‘distorsionado’) el hablar del inglés de forma tal que algunos lingüistas han propuesto aceptar la modificación como un dialecto que llaman ‘ebonics’. De hecho, para un recién llegado, no muy ducho en el hablar del inglés, es difícil entenderles. A mí me cuesta trabajo después de 8 años por estos lares… Si hablamos de música podríamos escribir libros enteros (de hecho se han escrito muchísimos). Se nota la influencia africana en el blues y el jazz, pero yo no la veo en el hip-hop y el rhythm and blues que son los tipos de música afro más populares hoy por hoy en E.U., trascendiendo de lejos barreras étnicas y geográficas.

Pero lo que más me hace pensar que en cierta forma se han “desafricanizado” es que mucha gente afro en E.U., los African-Americans, ven con desdén a los africanos. He visto afros estadounidenses burlándose de africanos por su acento, o por su forma de bailar. He escuchado afros estadounidenses diciéndole a un africano que se devuelva para África, en una forma bastante despectiva… Ser testigo de esto me ha causado indignación y me lleva a preguntarme el porqué de la desconexión… Claro, en parte la respuesta es ignorancia, pero no puede ser así de simple.

Estamos en una época en la que la información es más fácil de adquirir que en el pasado. Lo que queramos saber está al alcance de la mano si se tiene un computador con conexión a Internet. Y sin embargo es muy difícil hacer que las nuevas generaciones, incluyendo las afro, se preocupen por aprender, en parte porque la información que vale la pena está oculta entre montañas de basura que flota en el ciberespacio.

Teniendo en cuenta que la cultura afro estadounidense se ha convertido en una fuerza influyente en el mundo en los últimos 30 años, y que ahora comunidades afro de todas parte tienden a imitarlos, incluso en África, esta tendencia es muy preocupante. Está muy bien que tengan la fortaleza cultural de influir a otros, pero me preocupa el nivel de desdén que he notado por las raíces africanas.

No dejemos que las partes malas de la cultura afro estadounidense se nos peguen. Aprendamos de lo bueno y dejemos a un lado lo malo. No dejemos que nos desafricanicen. Sigamos cultivando ese orgullo de haber venido de la Madre África, y aunque reconociendo lo que nos distingue de los africanos, sigamos apreciando y atesorando lo que nos une con ellos. Lo último que podemos hacer es olvidar nuestras raíces. Un árbol sin raíces no puede vivir.

Ann Arbor, Michigan, E.U., 14 de febrero de 2009
Para Barûle Gazette

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¿Un Rey Mago africano?

3 de enero de 2009

Feliz navidad y feliz año nuevo a todos los lectores de Barûle Gazette en esta primera columna de Errante Mente de 2009. Y precisamente porque estamos en temporada, quiero reflexionar un poco acerca de uno de los mitos (sí, mitos; uno de los muchos de la mitología judeocristiana) alrededor de la visita de los Reyes Magos a Jesús después de su nacimiento. El mito más pertinente para esta gaceta es, porsupuesto, el color de la piel de uno de los “reyes”. ¿Tenía “Baltasar” realmente piel oscura?

El evangelio según Mateo es el único que habla de la visita de tres hombres de oriente al lugar de nacimiento de Jesús. Y es muy específico en mencionar que venían de oriente, muy seguramente hombres de origen Persa o Parto (la cultura dominante en lo que hoy es Irán y regiones aledañas que cayó para ser sucedida por los persas), con nombres que no son consistentes. “Melchor”, “Gaspar” y “Baltasar” son los nombres con los que la iglesia católica romana los conoce, pero las iglesias cristianas de oriente (ortodoxa, etíope, etc.) los conocen por varios nombres, la mayoría de ellos persas.

Estos hombres eran sacerdotes y astrólogos y por eso algunas culturas los consideraban hechiceros. De ahí que se los conozca como “magos”. Lo de “reyes” fue un acomodo hecho varios siglos después de Cristo en un esfuerzo por reinterpretar escritos del viejo testamento en los que se decía que el mesías iba a ser visitado por reyes. Si eran sacerdotes y astrólogos persas, ¿porqué el mito de su origen europeo (Melchor), asiático (Gaspar) y africano (Baltasar)? Muy simple: Razones políticas.

En representaciones tempranas (por lo menos hasta el siglo XII de la era cristiana) los tres sacerdotes aparecen con facciones e indumentarias del medio oriente. Pero la Iglesia (Católica) necesitaba dar a los cristianos del viejo mundo razones para sentir que el cristianismo era una religión inclusiva, así que entre los siglos XII y XV comenzaron a darle a “Melchor” características europeas, a “Gaspar” características asiáticas (del lejano oriente) y a “Baltasar” características africanas, entre ellas la piel oscura. No sé por qué razón la representación que conocemos de “Gaspar” en Colombia es la de un hombre europeo, pero “Baltasar” ha llegado hasta nuestros días como el “Rey” Mago “negro”.

La Iglesia siempre ha manipulado los escritos a su conveniencia para manejar pueblos a su antojo. Desde que el emperador romano Constantino, en el siglo IV, juntó figuras de la autoridad religiosa para formar una especie de consejo editorial para decidir qué libros serían incluídos en la Biblia (dejando por fuera cualquiera en el que la divinidad de Jesús no fuera explícita) la Iglesia no ha cesado de manipular la información que transmite a sus feligreses quienes en actos de fe ciega creen lo que los sacerdotes les dicen. Todo con tal de mantener el control del rebaño.

La africanización de “Baltasar” es sólo una más de las estrategias de la Iglesia para darle contentillo a los corderos que se suman a su rebaño (y aportan a sus arcas). No había figuras de piel suficientemente oscura como para que los africanos se sintieran representados en la historia cristiana, así que asignarle estatus afro a uno de los sacerdotes-astrólogos que visitaron a Jesús fue la salida elegida para hacer demagogia en el continente africano, especialmente en Etiopía, donde ya había una tradición judeocristiana.

Si se ignoran los dudosos motivos de la Iglesia, la simbología de muchas de las historias de la Biblia es, en realidad, interesante y esperanzadora, especialmente cuando se trata de historias de la Navidad. No estoy en contra de celebrar el Día de Reyes el 6 de enero, siempre y cuando sepamos lo que en realidad ocurrió. El judaísmo y el cristianismo son religiones eminentemente medio-orientales. El cristianismo se popularizó en Europa porque el emperador Constantino, quien se convirtió al cristianismo por influencia de su madre, levantó la prohibición de su práctica. Años después Teodosio I, sucesor de Constantino, instituyó el cristianismo como religión oficial del imperio romano. El resto lo sabemos bien: Españoles y portugueses esclavizaron habitantes de África occidental, los trajeron a América y como parte del proceso de subyugación les impusieron la religión que a su vez les impuso a ellos el imperio romano unos siglos antes.

El cristianismo no es la religión original de los afro. Tampoco lo es el Islam, como alguna vez lo aseguró Malcolm X. La decisión de los afro contemporáneos de convertirse a una religión más afín a nuestras raíces, de permanecer en el cristianismo, o de no practicar religión alguna es personal. Pero no debemos comernos los cuentos que los jerarcas de la Iglesia Católica se inventaron hace 400, 500 o 1000 años para engatusarnos. Ahí les dejo la inquietud.

Ann Arbor, Michigan, E.U., 3 de enero de 2009
Para Barûle Gazette

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LA trata de esclavos árabe

13 de diciembre de 2008

En esta columna hemos hablado ya de la responsabilidad que han tenido los europeos en la esclavización de africanos, principalmente entre los siglos XVI y XIX (se estima que entre 11 y 14 millones de africanos fueron esclavizados y traídos a América durante ese lapso), y de la culpa compartida de algunos pueblos africanos que extendieron su costumbre de esclavizar enemigos derrotados en batalla a la venta de estos enemigos a traficantes europeos. Esos mismos europeos que se inventaron la doctrina de la “inferioridad de la raza negra” para justificar la esclavización y que nos ha costado tantos siglos de sangre sudor y lágrimas para reivindicar nuestros derechos (y aún queda camino por recorrer). Pero nos falta otro lado de esta historia de esclavitud de la que poco nos cuentan: La trata de esclavos árabe.

Desde la muerte de Mahoma, en 632, el imperio árabe (o Califato, según algunos) creció y se extendió a lo largo de tres continentes en su apogeo (Asia, Europa y África). Y desde el comienzo, en el siglo VII, los habitantes de este imperio iniciaron el comercio de esclavos. Las personas esclavizadas no eran exclusivamente afro, sino de muchos lugares y grupos étnicos. Bajo la ley islámica los únicos que no podían ser esclavizados eran los musulmanes, así que durante un tiempo muy largo, los árabes esclavizaron gente de muchos pueblos, incluyendo cristianos europeos, principalmente de países eslavos. Pero también cayeron muchos africanos y asiáticos.

Representantes de países árabes mantuvieron esclavos hasta bien entrado el siglo XX, en los años 50, cuando gobernantes yemenitas visitaron países europeos con su corte de esclavos a cuestas, algunos de ellos de origen africano. De hecho, hay reportes que indican que aún hoy en día existen esclavos en Sudán. ¿Porqué incluyo el imperio árabe dentro de los responsables de la esclavización de africanos si ellos esclavizaban al que se les cruzara en el camino? Porque a pesar de que los africanos no eran las únicas víctimas sí eran una fuente importante de este comercio brutal.

Como ya mencioné, se estima que entre 11 y 14 millones de africanos fueron traídos a América, aunque este número no incluye los afrodescendientes que nacieron, fueron explotados y murieron como esclavos en este continente. Pues bien, los árabes esclavizaron entre 14 y 18 millones de africanos entre los siglos VII y XIX, quienes fueron llevados a países del norte de África, Asia occidental, e incluso a India, a través del desierto del Sahara, el mar Rojo y el Océano Índico. La mayoría de las víctimas venían de países como Kenia, Tanzania, Sudán y Etiopía.

Algunos historiadores afirman que la mayoría de los africanos esclavizados fueron privados de su libertad durante los siglos XVIII y XIX, y que la proporción fue menor en siglos anteriores, pero las cifras son inciertas y si el número estimado es acertado el número de víctimas de esta costumbre horripilante alcanza para ser considerado un holocausto.

El activista afro estadounidense Malcolm X afirmaba que el Islam era “la religión original del hombre negro”, y esta fue la razón principal que lo llevó a convertirse en musulmán. Pero algo que no tuvo en cuenta es que muchos de los musulmanes africanos de hoy en día descienden de personas que se convirtieron al Islam para escapar la esclavitud, amparados en la ley Islámica. No era su religión original.

Me pregunto porqué no nos enseñan esta parte de nuestra historia. ¿Porqué un énfasis exclusivo en la trata de esclavos europea? ¿Por el eurocentrismo occidental? ¿Por lo reciente de esa historia? ¿Porque descendemos de esos esclavos y no de los que llevaron a Asia occidental? Cualquiera que sea la respuesta, esta es otra pieza de historia que debemos conocer como parte de nuestra educación afrodescendiente. No es una parte agradable, pero la historia tiene partes buenas y malas, y todas son esenciales para un conocimiento integral. Así que la próxima vez que hablemos de esclavitud, recordemos que también hubo un pueblo (el árabe) que nos subyugó, si bien no sólo nos buscaba a nosotros. Pero también fueron responsables del holocausto (o de uno de los varios holocaustos). Hubo muchos culpables en el pasado, y debemos saber de todos y cada uno de ellos.


Ann Arbor, Michigan, E.U., 13 de diciembre de 2008
Para Barûle Gazette

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Un Afrodescendiente Ruso

06 de diciembre de 2008

No es inusual encontrar, en la sociedad globalizada actual, personas cuyos orígenes se encuentran lejos del país en el que viven. Hoy en día hay afrodescendientes en todos los continentes y en muchos países en los que hasta hace poco la población no tenía ni rastros de genes africanos (recientes, al menos. Recordemos el hecho de que la especie humana proviene de África). Incluso en un país tan tradicionalmente “blanco”, como Rusia, al menos en el extremo occidental (europeo), hay casos recientes de matrimonios de mujeres rusas con hombres africanos que han dado como fruto hijos e hijas que se crían como rusos y representan a ese país en eventos internacionales. Es el caso de la cantante rusa Alice Edun, de padre nigeriano, o de Nkeirouka Ezekh, integrante del equipo ruso de curling que participó en los olímpicos de invierno de Turín (Italia) en 2006, también hija de padre nigeriano y madre rusa. Pero encontré un caso curioso de un ruso afrodescendiente que se destacó en la corte de Pedro El Grande en el siglo XVIII.

Abram Petrovich Gannibal (1696-1781) fue un príncipe africano que llegó a ser Mayor-General, ingeniero militar y gobernador de Reval, un área en lo que hoy es Estonia. ¿Qué hacía un afro en una corte europea en el siglo XVIII y además destacándose en posiciones de poder en una época en la que de haber estado en Inglaterra, España, Portugal o cualquier país americano habría sido esclavizado o asesinado por el color de su piel?

Este hombre de origen etíope, según algunos historiadores, y camerunés, según otros, al parecer fue raptado en su temprana infancia por traficantes de esclavos árabes que lo llevaron a Constantinopla, capital del imperio Otomano. Se dice que los hijos de nobles eran entregados a oficiales de abolengo de aquel imperio. Un año después, cuando Gannibal tenía unos 8 años, el embajador ruso lo llevó a Moscú por orden de Pedro El Grande, pues contar con niños “negros” entre los miembros de la corte era la moda entre la realeza europea. Así es como Gannibal, cuyo nombre africano se desconoce, llega a una de las más poderosas cortes europeas de la época.

Gannibal fue enviado a Francia para continuar con la educación iniciada en Rusia. En París estudió idiomas, matemáticas, ciencias y artes de guerra. Entabló amistad con personajes como Voltaire y el Barón de Montesquieu. Luchó junto a las tropas de Luis XV contra Felipe V de España llegando al rango de capitán. Fue entonces cuando adoptó el nombre ‘Gannibal’, la versión rusa de ‘Aníbal’, en honor al general cartaginés que puso en jaque al imperio romano alrededor del año 200. Regresó a Rusia después de pasar unos años en Francia, pero fue exiliado en Siberia en 1727, para ser perdonado 3 años después gracias a sus conocimientos en ingeniería militar. En 1741 se convirtió en un miembro destacado de la corte cuando Isabel, hija de Pedro El Grande, ascendió al trono. Llegó al rango de Mayor-General y fue enviado como gobernador a Ravel, actual Estonia, donde residió por 10 años. Un tiempo después le fueron asignadas tierras en la provincia de Pskov, cerca a la actual frontera con Estonia a donde se retiró para morir en 1781.

Abram Petrovich Gannibal, se casó dos veces, la primera con una mujer griega quien lo odiaba (matrimonio forzado) y la segunda con una noble de origen escandinavo y alemán. Tuvieron 10 hijos y entre sus descendientes se cuentan el poeta ruso Alexander Pushkin además de varios aristócratas británicos.

Me pregunto si la historia rusa ha empalidecido a Gannibal, así como la historia de América a empalidecido a personajes como Simón Bolívar (no por nada algunos lo llamaban “el Zambo”), o a los afrodescendientes Juan José Rondón y José Prudencio Padilla. Todas las representaciones que he visto de ellos son bastante europeizadas. Pero al menos sé que se reconoce su origen africano y me parece importante resaltar que a pesar de su origen y el color se su piel tuvo las oportunidades necesarias para destacarse como militar e ingeniero, y aportó un toque de diversidad genética a una nación a la que esto no el venía nada mal.

Me parece importante resaltar que los afrodescendientes no sólo hemos tenido alguna influencia histórica en los países donde nuestros abuelos fueron sistemáticamente esclavizados, sino también en lugares como Rusia, en donde estamos acostumbrados a ver gente de origen eslavo en una tierra donde hasta hace unos milenios tener la evolución hizo disminuir la cantidad de melanina en la piel de los habitantes de la región.

Si los rusos pueden aceptar esta parte de su historia, ¿porqué no podremos nosotros hacer lo mismo y darle el crédito merecido a quienes haya hecho aportes a la historia y el desarrollo de nuestra Colombia? Ahí tenemos tarea para rato.

Ann Arbor, Michigan, E.U., 06 de diciembre de 2008
Para Barûle Gazette

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Los peligros del Afrocentrismo

29 de noviembre de 2008

En incontables columnas en esta gaceta hemos hablado de la importancia de educarnos para poder resistir los ataques racistas que vienen de varios frentes (diversos grupos étnicos) y vencer las barreras que la sociedad racista nos impone. Necesitamos educarnos, principalmente, en historia, pero también un poco en genética, antropología, sociología y psicología, todas ellas afro. Aprendiendo acerca de estos temas en lo relacionado con sociedades africanas y afrodescendientes es como lograremos valorarnos como se debe, y responder a los argumentos infundados de los racistas. Estos argumentos generalmente serán débiles, y si tenemos una base de conocimientos sólida no será problemático rebatirlos. Además una buena educación proporciona confianza y fuerza para evitar los complejos de inferioridad. Pero, debemos tener cuidado.

Nuestra lucha es contra el racismo; una lucha por la igualdad de condiciones y oportunidades, no sólo en Colombia sino también en el mundo entero. No debemos llegar al punto en que nos volvamos arrogantes y creamos que nuestra “raza” (esa gran colección de grupos étnicos afro en África, América, Europa y el cercano oriente) es superior al resto del mundo. Como quien dice, a pesar de apoyar esfuerzos como Barûle Gazette, que están dedicados a asuntos afro, no podemos caer en el afrocentrismo, cometiendo el mismo error que otros, principalmente los “blancos” occidentales, han cometido.

Iniciativas pro-afro y anti-racistas son una respuesta a los siglos de opresión que hemos sufrido a manos de las culturas antiguamente esclavistas, pero no deben tener como finalidad subyugar ni humillar a ningún pueblo, sino para establecer y fortalecer nuestra posición como iguales a los demás. Como hermanos de otras naciones, no como sus superiores, pues no lo somos.

La analogía de un péndulo viene siendo bastante útil en este caso. Así como en asuntos como los sistemas políticos democráticos, por ejemplo, cuando durante un tiempo se vive bajo un régimen derechista, eventualmente la opinión pública va a cambiar y elegir un régimen izquierdista, que a la larga cometerá errores hastiando al público, que devolverá el péndulo hacia la derecha, de la que el público se cansará, etc. Así el péndulo va de un lado a otro constantemente. En cuestiones de igualdad racial el péndulo está, y ha estado por unos 500 o 600 años, en el eurocentrismo. Nuestro esfuerzo es traerlo hacia el centro, sin dejarlo ir hacia el afrocentrismo. Claro, mientras lo traemos al centro también hay una pugna para que no se nos vaya hacia otros lados (este es un péndulo que puede oscilar no sólo en un arco sino también en una semiesfera), como el indocentrismo, el chinocentrismo (¿se dirá así?), o el amerindiocentrismo (¿existirá esta expresión?).

Tanto en África, como en varios países americanos se han visto ejemplos de individuos y movimientos afrodescendientes que en su lucha anti-racista llegan al extremo de pregonar la superioridad afro o de proponer un regreso masivo al África para conformar sociedades exclusivamente afro. Aparte de la imposibilidad práctica éstas propuestas, también adolecen de un error conceptual: Aislar a los afro del resto del mundo no es una solución. ¡No puede ni debe ser una solución!

El desarrollo de la humanidad, tanto desde el punto de vista de sociedad como del tecnológico, nos ha llevado a un punto en el que el aislamiento es contraproducente. La sociedad global actual depende de la colaboración de pueblos y naciones, del comercio entre ellas, y no de la opresión de unos, basada en una supuesta superioridad “comprobada” por la fuerza. Y es precisamente allí donde no queremos llegar y ni siquiera apuntar.

Si hay algún ‘centrismo’ al que nos conviene llegar es al antropocentrismo. Un antropocentrismo de corte cosmopolita, que reconozca la importancia de todas las sociedades y culturas en el avance de la humanidad. Todas han hecho aportes de índole variada que de una u otra forma nos han traído al punto en el que estamos como especie. El eurocentrismo nos ha demostrado cuál camino NO debemos tomar. No cometamos el mismo error cayendo en el afrocentrismo pero, eso sí, sigamos nuestra lucha por reivindicar los valores y la cultura afro como una parte esencial de esa sociedad cosmopolita y antropocéntrica a la que queremos llegar… al menos a nivel cultural, porque en términos de medio ambiente tenemos que alejarnos del antropocentrismo. Pero esa es otra historia para otra gaceta.


Ann Arbor, Michigan, E.U., 29 de noviembre de 2008
Para Barûle Gazette

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Africanos esclavistas

22 de noviembre de 2008

Hace algunas semanas, antes de la serie de tres columnas en las que traté el tema de las elecciones presidenciales de E.U., escribí una columna en la que mencionaba el carácter en realidad multiétnico de lo que occidente llama la “raza negra”. En esta columna hice mención del crimen de lesa humanidad que varios países europeos cometieron al esclavizar africanos para traerlos a América, asesinando a muchos de ellos en proceso.

Uno de mis lectores más leales (y más críticos también) me pidió que aclarara este punto. No sólo los europeos esclavizaron africanos, sino que también muchos africanos estuvieron involucrados en la trata, generalmente con fines económicos. En la columna de hoy desarrollo un poco el punto de la trata de esclavos africanos a manos de otros africanos. Esto ocurrió principalmente por intereses políticos dentro del continente africano, y si bien esclavizar enemigos derrotados era una práctica común de algunos grupos, la venta de enemigos capturados a europeos, cambió la dinámica que se llevaba en el continente.

Reservo para otra columna el tema de las culturas africanas que han estado a la altura de las más avanzadas del mundo en su momento y que han sido descaradamente ignoradas por los libros de historia eurocentristas que se han utilizado en Colombia para “educarnos”. Pero cabe mencionar que fueron muchos los reinos e imperios africanos que se distinguieron por su desarrollo en agricultura, minería y metalurgia y conocimientos científicos, además de tener una gran influencia cultural. Hubo también algunos que se convirtieron al cristianismo por voluntad propia y no a la fuerza como ocurrió en los años de brutal colonización europea. La trata de esclavos por parte de los europeos simplemente se aprovechó de la dinámica política al interior de África para sacar un provecho.

Durante lo que en Europa se conoce como la edad media el imperio Kanem, en lo que hoy es Chad, Níger y el sur de Libia, tenía aspiraciones expansionistas. Fue fundado por pueblos nómadas, abandonaron la vida errante y estaban luchando por territorio. Este imperio logró expandirse hasta regiones de Nigeria y Camerún, al occidente, pero la dinastía reinante (y el imperio) colapsaron por luchas internas y ataques externos, principalmente de pueblos del norte de África.

Sobrevivientes de los regentes Kanem lograron re-establecerse en Bornu, en lo que hoy es el nororiente de Nigeria y a través de matrimonios políticos con culturas locales crearon un nuevo pueblo y un nuevo idioma. Hacia 1500 lograron victorias militares clave y se fortalecieron al punto en que lograron unirse con lo que quedaba del estado Kanem, creando un nuevo imperio, el Kanem-Bornu, continuación del imperio Kanem, pero con mayor influencia territorial. Y es aquí cuando el imperio Kanem-Bornu se convierte en un enclave de comercio esclavista con Europa. Un porcentaje importante de sus ingresos era precisamente la venta de esclavos de pueblos subyugados, además de los impuestos que éstos generaban (o del pillaje de sus recursos). Los esclavos eran la moneda principal para obtener sal, caballos, seda, vidrio, cobre y armas.

Así que no, no sólo los europeos fueron responsables por el comercio esclavista que finalmente nos trajo a los afro a América. También algunos pueblos africanos. Estoy seguro de que no sólo los Kanem-Bornu fueron responsables de la venta de sus vecinos como esclavos. Pero apenas ahora estoy comenzando a aprender aspectos de historia africana que nos han ocultado por, literalmente, siglos. Me queda mucho por aprender, mucho por investigar, y mucho por procesar. Y a medida que vaya aprendiendo, iré escribiendo y compartiendo.

Necesitamos aprender más de nuestra historia. Alejarnos del eurocentrismo, claro está, sin caer en el afrocentrismo. Toda la historia es importante, así que debemos aprender suficiente para realmente poder decir que algo sabemos de historia universal. Verdaderamente universal.


Ada, Ohio, E.U., 22 de noviembre de 2008
Para Barûle Gazette

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Barack Obama: Haciendo historia II


8 de noviembre de 2008

La elección de Barack Obama como presidente de E.U. a posesionarse en enero de 2009 ha causado impacto
a nivel mundial, especialmente entre la población afrodescendiente de América. Pero hay un grupo de personas en particular a quienes a afectado de forma más profunda y trascendental. Aquellos pertenecientes a las generaciones que vivieron de cerca o sufrieron en carne propia la opresión de los sistemas de apartheid de facto que imperaban en muchos países de América hace 40 o 50 años.

Días después de las elecciones, los medios de comunicación siguen entrevistando gente del común para conocer sus impresiones acerca del evento histórico de la elección de un candidato afrodescendiente para la presidencia de un país de mayoría eurodescendiente. Muchos de los entrevistados son estadounidenses afrodescendientes que vivieron durante el tiempo de, o participaron en, el movimiento por los derechos civiles en E.U. Estas personas sufrieron en carne propia la opresión de las autoridades que intentaban mantener el sistema legal de segregación racial, el famoso “iguales pero separados”. Son personas que debían sentarse en la parte trasera de los buses y cederle el asiento a cualquier eurodescendiente que se lo pidiera, que debían tomar agua en fuentes designadas para gente “de color”, así como usar baños para gente “de color”, sentarse mesas para gente “de color” en los restaurantes, y asistir a colegios para gente “de color” donde la calidad de la educación era notablemente inferior a la de los colegios “para blancos”.

Estas son las personas a quienes se enfrentó un gobernador del estado de Alabama, quien personalmente se paró en la puerta de uno de los edificios de una universidad para evitar la entrada de afrodescendientes a quienes la corte suprema de E.U. había garantizado el derecho a la educación superior. El presidente de entonces se vio obligado a enviar a la Guardia Nacional para salvaguardar los derechos de estos ciudadanos. Estas son personas que eran intimidadas y linchadas por encapuchados del Ku Klux Klan quienes afirmaban ser cristianos pero no consideraban pecado atacar y asesinar una persona que no fuera “blanca, anglosajona y protestante”. Eran personas que en enfrentamientos entre manifestantes integracionistas y segregacionistas eran atacados incluso con un asta con la bandera de E.U. Personas cuya única arma en la lucha por sus derechos fueron las marchas y la resistencia civil pacífica liderada por un pastor elocuente que se atrevió a soñar con una sociedad donde el color de la piel no importara.

Me pongo en el lugar de estas personas y me da escalofrío imaginar lo que sintieron al depositar su voto por un afrodescendiente y al escuchar su discurso de victoria electoral. Para ellos, ver a alguien “de color”, quien hace 40 años probablemente habría sido escupido y golpeado por sólo mencionar querer ser presidente, teniendo en vilo a todo un país y a mucha gente alrededor del mundo mientras hablaba como presidente electo, debe haber sido una experiencia memorable y sumamente emocional. Ver a estas personas llorando mientras Barack hablaba me conmovió más de lo que imaginé antes del 4 de noviembre y por eso compartí su emoción, derramando lágrimas también.

Pero no sólo pensé en ellos. También pensé en mi padre, quien nació en una región rural del Pacífico colombiano, un área olvidada por el gobierno central, en una época en la que un afrocolombiano no podía soñar más que con ser pescador, minero o agricultor, porque incluso los banqueros y políticos locales de la época eran mestizos y “blancos” enviados de otras regiones. Mi padre, a través de la educación y el deporte logró superar barreras que detuvieron a muchos de sus vecinos. Pero a pesar de haberlas superado enfrentó racismo a muchos niveles, desde personal hasta institucional, y tampoco se imaginó jamás ver a un afro en una posición como la que en enero del año entrante ocupará Barack Obama. Pensar en lo que debe estar sintiendo mi padre me llena de emoción y de esperanza. Y me hace sentir mucho más fuerte para enfrentar la vida y la sociedad en el futuro cercano.

En Colombia aún estamos lejos de tener a un equivalente a Obama. Pero seguramente estamos un poco más cerca de lograrlo gracias a él. Seguramente su posición hacia Latinoamérica no será muy distinta de la de otros presidentes estadounidenses, pero existe la esperanza de que cambie un poco, y nos ayude a cambiar nuestra visión racista, para que sea posible desde el punto de vista electoral (porque legalmente se puede) que un afrodescendiente o un indígena lleguen a posiciones altas en el gobierno colombiano.

Hasta hace una semana yo habría dicho que eso, en Colombia, nunca lo vamos a ver. Pero ahora pienso que así como le ocurrió a la anciana de 106 años que Obama mencionó en su discurso, es posible que cuando yo esté de bastón, contándole a mis nietos de la noche en la que Barack Obama fue elegido presidente de E.U., pueda ir al puesto de votación más cercano y votar por un afrocolombiano para presidente. Quién quita que sea uno de mis nietos. Al fin y al cabo sí se puede ¿no?

Indianápolis, Indiana, E.U., 8 de noviembre de 2008
Para Barûle Gazette

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Barack Obama: Haciendo historia I


8 de noviembre de 2008

Finalmante no hubo ni sombra del efecto Bradley (ver mi columna de la semana pasada) y se escribió un capítulo histórico en la política de occidente. Finalmente, después de una de las campañas electorales más largas y controversiales en la historia estadounidense, el primer candidato afro con aspiraciones reales de llegar a la presidencia ganó el voto de las minorías y también de la mayoría dentro de la mayoría eurodescendiente.

Cuando Barack Obama dio si discurso de victoria a la media noche, hora local, cuando ya era 5 de noviembre, la ciudad de Chicago estaba inundada de gente. En el lugar donde sus seguidores se reunieron para escucharlo había, como era de esperarse, una miríada de cámaras de cadenas televisivas de todo el mundo. Había cámaras tomando primeros planos, había cámaras volando por encima de la multitud… Cada detalle estaba siendo cubierto para llevarlo a los ojos del mundo. Lo que más me llamó la atención fue ver la diversidad de gente que estaba allí para ser testigos de la historia. Había afrodescendiantes, eurodescendientes, asiáticos, africanos, y gente mezclada de sabrá Dios cuántos orígenes étnicos. Era un espectáculo conmovedor. Había gente llorando, había gente riendo y había gente bailando. Y en frente de los televisores también había expresiones de incredulidad y lágrimas en las mejillas. Entre esos televidentes me encontraba yo.

El significado de la elección de Barack Obama es profundo y complejo. La sociedad va a tardar mucho en analizar todas las implicaciones de este suceso. Más allá de la alegría de ver a alguien que tiene piel oscura siendo elegido en un país donde la mayoría tiene piel clara y que tiene un historial de racismo brutal, hay factores implícitos que dan para llenar libros no sólo de historia, sino también de sociología, antropología y psicología. La elección de Barack Obama es un evento que liberó y liberará más gente de la que las leyes han liberado antes.

No, no me refiero a una libertad física, que existe desde hace 140 años en E.U. (y casi 160 en Colombia), ni a una libertad cívica, que existe en E.U. desde hace unos 40 años (no sé qué decir de Colombia). Es una libertad de espíritu y de mente. Es mucho más importante, porque es una libertad que viene de adentro. A un esclavo se le pueden romper las cadenas, pero eso no lo hace realmente libre. Se le puede garantizar voz y voto, y aún le faltará para ser realmente libre. Pero cuando se sienta realmente capaz de perseguir y alcanzar sus sueños, cuando crea que puede hacerlo a pesar de los obstáculos impuestos por la sociedad, será real y verdaderamente libre. Cuando sienta que sí se puede. Y lo que ha hecho Obama por mucha gente, no sólo afro sino de muchos otros orígenes étnicos es precisamente eso: Demostrarles que tal y como reza su credo de campaña, SÍ SE PUEDE.

He estado siguiendo atentamente las noticias en los días posteriores a las elecciones y escucho constantemente a personas que entrevistan en la calle explicando cómo sienten ser mucho más capaces de contarle a sus hijos que pueden ser lo que ellos deseen, que pueden llegar tan lejos como quieran, porque Barack les ha demostrado que se puede. Estamos hablando de personas que no tenían fe en sí mismos, y no precisamente porque no se valoraran, sino porque estaban convencidos de que el status quo les iba a imposibilitar el llegar a ciertas posiciones y alcanzar el éxito en ciertos campos. Estamos hablando de gente que cumplió un papel protagónico durante el movimiento por los derechos civiles liderado por Martin Luther King hijo en los años 60, y que jamás se imaginó ver a un afrodescendiente en la Casa Blanca. Estamos hablando de escépticos como yo, que hemos sido testigos del racismo del sistema en dos países con culturas distintas, y que no creímos que fuera posible romper el yugo de las mayorías eurodescendientes. Esas son (somos) las personas a quienes Obama ha liberado en mente y en espíritu.

No por nada aquellos a quienes Barack liberó y a quienes llenó de esperanza rompimos en llanto. Yo no recuerdo ninguna elección presidencial, ni en E.U. ni en Colombia, en la que tanta gente hubiera llorado al ver ganar un candidato. Y es porque ninguna elección había causado un impacto psicológico tan importante como esta. La gente sólo veía un presidente más, pocos cambios políticos y prácticamente ningún cambio en su mente o su alma. Pero la elección de Obama trajo luz. El carisma y la elocuencia de este hombre ha llenado de esperanza a muchos pueblos. Y ya ha traído un cambio. Es posible que el cambio político que promete tome algún tiempo, pero desde ya hay un cambio en la actitud de la gente; especialmente la gente afro. Ese cambio no es trivial. Es probablemente el cambio de visión más trascendental en mi generación.

Aunque a Obama le queda mucho trabajo por hacer, y aquellos que vivimos en E.U. tendremos que ayudarlo, el impacto que ya causó será inolvidable y es absolutamente invaluable. Gracias, Barack Obama, por liberar nuestra mente y nuestro espíritu.


Ada, Ohio, E.U., 8 de noviembre de 2008
Para Barûle Gazette

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