martes, 11 de agosto de 2009

Obama y el efecto Bradley

1º de noviembre de 2008

“Look, man, don't let them hand you no crap. When [white voters] go in that booth, they ain't going to vote for you.” (“Mire, hermano, no deje que se lo coman a cuento. Cuando los blancos entren a esa cabina de votación no van a votar por ud.”)

Earl Graves, autor y editor afroestadounidense, dirigéndose a Colin Powell, afroestadounidense republicano, cuyo nombre sonó como posible contendor de Bill Clinton para la presidencia de E.U. en 1996.


Los afro estamos teniendo el prvilegio de ver cómo se hace historia en E.U. en este momento (y ojalá sirviendo de ejemplo e inspiración para Latinoamérica). Lo que ha pasado con Barack Obama ya ha entrado a los libros de historia pero lo mejor aún falta por venir. Lo mejor, a no ser que los votantes estadounidenses nos den otra sorpresa… o no tan sorpresa, como la que ha ocurrido varias veces en el pasado. Cuando un candidato no-blanco aspira a una posición, y las encuestas lo favorecen, pierde en las elecciones. Todo porque los votantes blancos mienten en las encuestas por miedo a que los señalen de racistas, pero una vez depositan su voto, ese voto va para el candidato blanco. Esto se conoce como el efecto Bradley.

En 1982 el entonces alcalde de Los Ángeles, el afroestadounidense Tom Bradley, se lanzó como candidato a la gobernación del estado de California. La mayoría de las encuestas lo mostraban como ganador, pero cuando llegó la hora de votar ganó su contendor, George Deukmejian. Poco después el profesor de estudios afroestadounidenses de la Universidad de California en Berkley, Charles Henry, publicó su investigación en la que demostró que el racismo y el miedo de los blancos de ser tildados racistas (que en muchos casos lo eran) era el factor que había dado la victoria a Deukmejian. Se estima que el efecto Bradley es responsable hasta de un 6% del margen de votación, lo cual en muchos casos es más que suficiente para cambiar los resultados.

En este momento Barack Obama aventaja a John McCain en todas las encuestas, en algunos casos por márgenes bastante amplios. Pero todo el mundo se pregunta si el efecto Bradley se cierne como una sombra siniestra sobre él. Estadísticamente no debería ser mayor preocupación, pues en promedio Obama aventaja a McCain por más de 6% en las encuestas. Pero nunca se sabe. El mismo Obama le ha recordado a sus seguidores que no se puede confiar en los resultados de las encuestas, lección que aprendió en el estado de New Hampshire cuando su contendora en las primarias era Hillary Clinton: Obama lideraba las encuestas y perdió las elecciones primarias. ¿Efecto Bradley?

Se ha dicho que durante los años 90 el efecto Bradley se ha visto bastante reducido pues ha habido candidatos afro que han ganado elecciones en E.U. sin que esto los afectara. Pero también ha habido casos en los que candidatos afro que parecían sólidos decidieron no lanzarse por miedo a caer víctimas del efecto, como el caso de Colin Powell, cuando se le propuso lanzarse como opositor de Bill Clinton en 1996. A propósito de Powell, hace menos de una semana declaró públicamente su apoyo a Barack Obama, a pesar de haber sido el secretario de estado de George Bush, quien apoya a McCain.

No voy a hablar mucho del caso de Colombia, donde el efecto Bradley no se presentaría siquiera, pues la gente sería muy abierta a declarar que no votaría por un candidato afro. Una vez más los invito a que lean los comentarios de los foristas de eltiempo.com cuando el artículo habla de Obama. Son tan abiertamente racistas que da miedo. Claro que se escudan en anonimato, pero eso me tiene convencido que para que un candidato afro colombiano siga los pasos de Obama falta muchísimo.

Esperemos que la ventaja de Obama sea lo suficientemente apmplia para que el efecto Bradley no le agüe la fiesta. Pero hasta el 4 de noviembre vamos a estar en vilo. Esperemos que la historia que se está escribieno todavía nos depare el mejor capítulo.


Ann Arbor, Michigan, E.U., 1º de noviembre de 2008
Para Barûle Gazette

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Somos Muchos

12 de octubre de 2008

En busca de algo de información, me encontré unos artículos que me hicieron recordar algo en lo que venía pensado hace algún tiempo, y tiene que ver con genética y quiénes somos los afro. En palabras de algunos, quiénes somos los 'negros'. En años recientes, pero muy especialmente en los últimos 10 a 15 años, la ciencia nos ha alejado cada vez más del concepto erróneo de “raza” y nos ha demostrado que los humanos somos mucho más diversos de lo que parece a flor de piel, y que de hecho el color de la piel no es una característica confiable para determinar quiénes pertenecen a qué grupo. Y por eso el título de la columna: Los afro somos muchos.

Estudios de genética de poblaciones han mostrado que los grupos étnicos africanos son muchos y sólo en la Madre África hay más diversidad humana que en cualquier otro lugar del mundo. La humanidad se originó en África, y los humanos llevamos mucho más tiempo viviendo y evolucionando allí que en cualquier otro lado del mundo. Las dos grandes oleadas para colonizar el resto del planeta han salido de África en los últimos 100 mil a 50 mil años, lo cual es un parpadeo en tiempo evolutivo.

Como resultado, hay por ejemplo menos diferencias a nivel genético entre un alemán y un japonés que entre un nigeriano y un etíope, aunque a los dos últimos se les llama “negros” mientras que a los primeros se les llama “blanco” y “oriental”, entre otros epítetos. Es más: Hay menos diferencias genéticas entre un aborigen australiano y un finlandés que entre un keniano y el mismo australiano. El finlandés puede ser muy “blanco”, de cabellos rubio, nariz delgada y ojos claros, y el australiano muy “negro”, de nariz ancha y cabello ensortijado, pero están más emparentados que cualquiera de los dos con el keniano. ¿Entonces que es ser “negro”? ¿Qué es ser africano o afrodescendiente?

Lo que nos une es más una causa social que el color real de nuestra piel. Somos afro porque el resto del mundo, en medio de su ignorancia, nos ve así y nos trata como si fuéramos todos harina de un mismo costal. Así que a pesar de las diferencias nuestra respuesta obvia es unirnos. Puede que seamos más diferentes entre nosotros que un pakistaní y un tailandés entre ellos. Pero ellos nos ven como uno solo, así que nos comportamos como uno solo. La unión panafricana es en realidad una unión de muchas naciones bajo una sola bandera, bajo una sola causa y eso nos fortalece. Los afro, la diáspora, somos en realidad las verdaderas y originales Naciones Unidas. Esta unión se ha dado especialmente desde el siglo XXVII cuando los europeos sacaron a nuestros ancestros de África para cometer uno de los peores crímenes contra la humanidad en toda la historia. Los holocaustos de los que hemos sido víctimas los afro y los indígenas a mano de los europeos (se calcula que hubo alrededor de 80 millones de víctimas fatales de cada grupo (o grupos), número que hace palidecer el holocausto judío a manos de los nazis en la 2ª guerra mundial.

Los afro debemos luchar unidos para salir adelante. No somos un pueblo ni una etnia. Somos muchos pueblos. Muchas naciones. En nuestra sangre llevamos la diversidad genética en la que la naturaleza ha trabajado por cientos de miles de años. Esta diversidad se ve oculta por nuestra piel oscura que es un homenaje al sol. Y esa piel es nuestra bandera original. Sí, tenemos el rojo, negro y verde que representa a los afro del mundo, pero más allá de este símbolo nuestra piel nos une y nos representa.

La ciencia demuestra nuestra fortaleza y lo equivocados que los racistas del mundo han estado por siglos. No por ser más de un pueblo podemos bajar la guardia. Cito las palabras de Haile Selassie, que fueron inmortalizadas por Bob Marley: “Los africanos lucharemos, lo hallamos necesario. Y sabemos que venceremos pues confiamos en la victoria del bien sobre el mal.”


Ann Arbor, Michigan, E.U., 12 de octubre de 2008
Para Barûle Gazette

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Nuestas Banderas


"That the colors, Red, Black and Green, be the colors of the Negro race"
(“Que los colores Rojo, Negro y Verde, sean los colores de la raza negra”)

5 de octubre de 2008

El 13 de agosto de 1920, en la ciudad de Nueva York, en el estado del mismo nombre, en Estados Unidos, se firmó la Declaración de los Derechos de los Pueblos Negros del Mundo. Ocurrió durante una convención de un mes de la Asociación Universal por el Avance del Negro y la Liga de Comunidades Africanas (UNIA por sus siglas en inglés), en la que participaron africanos y afrodescendientes del mundo entero. La UNIA fue fundada por el jamaiquino Marcus Garvey en 1914 con el objetivo general de “abrazar el propósito de toda la humanidad negra”, y promover el progreso de todos los afrodescendientes.

En el artículo 39 de la Declaración se establece “que los colores rojo, negro y verde sean los colores de la raza negra”. El rojo representa la sangre que une a todos los pueblos de herencia africana, y que fue derramada durante las luchas de liberación. El negro representa al pueblo afro, cuya existencia como nación, si bien no como nación-estado, se reafirma a través de la existencia de la bandera. El verde representa la abundante riqueza natural del continente africano.
Barûle Gazette

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Cuestión de identidades

14 de septiembre de 2008

Últimamente, debido a mis trabajos, he conocido bastantes personas y, como siempre, en las conversaciones informales surge un número de preguntas a través de las cuales uno va conociendo un poco más de la gente que lo rodea. Esto me a recordado que las percepciones de raza y etnia son bastante distintas en Colombia y en E.U. En parte esto se debe a que en E.U. hay una especie de obsesión por ser “políticamente correcto” (“no diga 'negro', diga 'afroamericano', no diga 'blanco', diga 'caucásico'...”, etc.) y en parte a que en este país norteamericano hay tanta gente de tantos lugares con características tan distintas, que las categorías inventadas “raza blanca” o “raza negra” se quedan muy corticas para describir la diversidad étnica del mundo (como era de esperarse, si uno sabe de dónde vienen estos términos).

En Colombia muchos de mis amigos me llaman “Negro”. No tienen ninguna intención de ofenderme y, de hecho, lo dicen con cariño. Yo así lo tomo, aunque soy consciente de lo controversial que puede ser el término, incluso si la persona usándolo no es conscientemente racista. El punto es que mis amigos me ven como 'negro', especialmente aquellos que conocen a mi padre, quien podría pasearse por las calles de cualquier ciudad de Camerún o Nigeria sin que lo crean extranjero. Personas que no conocen a mi padre también me consideran 'negro' y yo me siento afrodescendiente aunque mi madre tiene piel clara y ojos verdes. Por esto es muy extraño vivir en un país como E.U. donde nadie me considera como lo que yo siento ser.

En E.U., en medio del afán de ser “políticamente correcto” y de mantener estadísticas en cuanto a lo que se considera diversidad étnica se han inventado rótulos que no necesariamente describen etnias, pero los estadounidenses creen sí corresponden a éstas. Así, aquí yo vengo siendo “hispano”, “latino” o “colombiano”. Y uso las comillas porque no se refieren simplemente a que haya nacido en América Latina, sino que muchos creen que alguna de esas palabras describe mi etnia.

La primera vez que le comenté a algún amigo estadounidense que yo era más o menos mitad euro y mitad afrodescendiente, con algo de indígena, él me miró confundido y me dijo “¡pero yo creí que tú eras 'colombiano'!”, y ahí el confundido fui yo. Señalé la foto de mi padre, que le había estado mostrando, y le dije “ pero mira, mi padre es 'negro'...”. Él se mostró más confundido y exclamó “¡yo creí que era 'colombiano'...!”, y la confusión de los dos siguió aumentando. No fue la última vez que tuve conversaciones parecidas con amigos estadounidenses. Me tomó algún tiempo y tuve que hablar con gente más cosmopolita, para entender que muchos creen que el país de donde alguien viene describe perfectamente la etnia, excepto, claro está, en E.U. Si digo que soy un representante de mezcla de etnias ellos dicen que también ellos lo son, y aquí está lo que alguna vez me dijo una amiga: “Yo soy en parte irlandesa, en parte alemana, con un poquito de holandesa y francesa...”. Ese día yo la miraba confundido pensando “¡pero de mezcla étnica esto no tiene ni papa!”.

Son percepciones distintas. He aprendido un poco a entender su punto de vista, bastante inocente y un poquito ignorante a mi parecer. El hecho es que nadie me trata como afro, lo que contrasta con mi experiencia en Colombia donde eso es lo que la gente ve en mí. Y me siento un poco indignado cuando un afroestadounidense insinúa que no tengo ni idea de lo que es ser afro.

En mis años en E.U., a través del contraste y la comparación con amigos de muchas partes del mundo, incluyendo de muchos países latinoamericanos, he encontrado mi identidad cultural, y me he dado cuenta de que soy muy latinoamericano, y de que soy colombiano hasta la médula. A aquellos que no han salido de Colombia, y creen que no hay nada de particular en ser colombiano, les cuento que sí somos colombianos; mucho más de lo que se imaginan, a pesar de las diferencias regionales. Pero esto es algo cultural.

Si me preguntan por mi etnia, o por mi 'raza', yo sin dudarlo digo que soy lo que siento ser, en Colombia, en E.U o en la antípoda: Afrodescendiente. Orgullosamente afrodescendiente.


Ann Arbor, Michigan, E.U., 14 de septiembre de 2008
Para Barûle Gazette

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Cuentos de mi padre

28 de agosto de 2008

Cuando estaba en el colegio, en mis años de adolescencia, leí el libro Raíces del escritor estadounidense Alex Haley, en el que relata la historia de su familia desde uno de los primeros africanos que fue traído a la fuerza a América, hasta él mismo. Ese primer africano esclavizado en el linaje de Haley era el famoso Kunta Kinte. Raíces ha sido mi principal inspiración para reconstruir la genealogía de mi familia (en equipo con Giunëur Mosi), proyecto que tengo en pausa hasta que pueda volver a Colombia para hacer algunas averiguaciones en archivos y entrevistar a algunas personas. Pero me refiero a Raíces no para hablar de nuestro proyecto de genealogía, sino porque la primera parte del libro, acerca de las vivencias de Kunta Kinte en África, está completamente basado en una costumbre afro valiosísima y que debe preservarse: La tradición oral.

Los pueblos de precoloniales de África occidental no contaban con técnicas de escritura sino que sus libros eran, y aún son, personas que dedican muchos años de su vida a aprender historias de sus pueblos para transmitirlas, tan fielmente como sea posible, a los más jóvenes. Alex Haley contaba con algunas referencias que le llegaron gracias a sus padres y abuelos, y viajó a África (el país exacto se me escapa en este momento) para escuchar las historias de uno de los 'libros humanos' que se especializaba en la familia de Kunta Kinte. Por horas, Haley escuchó las aventuras y desventuras de los antepasados de Kunta hasta que llegó a las vivencias de éste y escuchó, por primera vez, la historia de su antepasado antes de ser raptado para ser esclavizado en E.U. La historia que contaba el anciano terminaba con Kunta desapareciendo tras ir a buscar madera para fabricar un tambor y no ser visto nunca más. Haley sabía el resto.

La hija de Kunta Kinte se encargó de contarle la historia a su propia hija, y ésta a su vez se la contó a sus hijos, y la costumbre siguió hasta llegar a Haley, quien haciendo algunas investigaciones, incluyendo las del viaje a África, pudo reconstruirla y escribirla de la manera magistral en que ha quedado plasmada en Raíces.

Esta introducción, más larga que lo que viene, es sólo para demostrar la importancia de la tradición oral en la preservación de la memoria de los pueblos afro. Nosotros, como afrodescendientes, usamos la tradición oral más de lo que imaginamos, si bien de manera menos formal que los ancianos de África occidental con las historias de sus linajes. Y es aquí donde se explica el título de esta columna.

Me he encontrado, en más de una ocasión, contando historias que mi padre me contaba cuando yo era niño. Siempre disfruté de esas historias y muchas veces le pedí que me las repitiera. Él disfrutaba contándomelas y enriqueciéndolas, y yo era fascinado escuchándolas una y otra vez, generalmente durante los apagones que eran tan comunes en Bogotá en los años 80. Eran historias de sus vivencias en el Chocó, y algunas que relataban vivencias de su padre, tíos o abuelos. En ese entonces no las vi más que como un divertimento y un motivo para estrechar los lazos con mi padre, pero ahora, además las veo como una prolongación de las tradiciones orales africanas, y como tales estas historias son aún más importantes para mí. Ahora las valoro mucho más allá del placer del momento, pues encuentro un valor cultural e histórico en ellas. En algunos casos las historias eran a todas luces ficticias, pero eso no resta nada de su valor, sino que cambia el énfasis de historia a folclor chocoano. En cualquier caso, invaluables.

Lamentablemente cuando yo cuento los cuentos de mi padre siento que no tienen la riqueza que tenían cuando él mismo me los contaba. He decidido que voy a rescatar esas historias y haré grabaciones no sólo para aprenderlas tan fielmente como sea posible, sino también para conservarlas en la voz de mi padre para que las disfruten generaciones venideras. La tradición oral es un gran recurso, pero además tenemos la tecnología de nuestro lado para conservar estos tesoros.

Estoy seguro que todos nuestros lectores tienen historias parecidas a esta. A aquellos que han disfrutado con los cuentos de mamás, papás y abuelos, los exhorto a que presten más atención a estas historias y, aún mejor, que las graben. Eventualmente podemos crear archivos para que los afrocolombianos de los años por venir puedan contar las historias de sus ancestros. Esas que no aparecen en los libros de esta sociedad eurocentrista. Esas que sirven como cimiento para nuestro orgullo y en parte para nuestra lucha por la dignidad y el respeto que nos merecemos.


Ann Arbor, Michigan, E.U., 28 de agosto de 2008
Para Barûle Gazette

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¿Águilas Negras o Gauchos?


21 de agosto, 2008

Los juegos olímpicos de Pekín 2008 siguen su rumbo, y los chinos están barriendo con medallas de oro. mientras los estadounidenses tratan de seguirles el paso, sin éxito, aunque con un nadador, Michael Phelps, haciendo historia deportiva. Pero hay un evento en el que ninguna de las dos potencias (porque ya a China se le puede aplicar el adjetivo) se acercó siquiera a una medalla: Fútbol masculino. El sábado 23 de agosto Argentina se enfrenta a la selección nacional de Nigeria en la final del torneo. Los suramericanos van por la revancha de la final de los olímpicos de Atlanta en 1996, cuando los africanos los vencieron 3-2, además de salir a defender la medalla de oro que ganaron hace 4 años en Atenas al derrotar 1-0 a Paraguay.

¿Y a qué viene el tema en una columna de Barûle Gazette? Pues bien, porque tengo uno de los dilemas en que mi condición de descendiente de varias culturas me pone de vez en cuando. ¿Apoyar a Argentina, suramericanos, hispanohablantes, de donde vienen algunos de mis amigos, o apoyar a Nigeria, africanos, de una cultura muy distinta a la mía, de donde vienen algunas personas que a duras penas conozco? ¿Apoyar a los 'Gauchos' o a las 'Águilas Negras'? En realidad el dilema, para mí, se soluciona muy fácil, pero es una excusa excelente para escribir esta columna: En 1990 celebré la victoria 1-0 de Camerún sobre Argentina en el partido inaugural del mundial de Italia. En 1996 celebré la medalla de oro de Nigeria en Atlanta. En 1998 celebré los goles nigerianos en el mundial de Francia, aunque el equipo se quedó en la segunda ronda. En 2000 celebré la medalla de oro de Camerún en Sydney cuando derrotaron 5-3 a España en tiros desde el punto penal (tras empatar 2-2). Y hoy apoyaré a las 'Águilas Negras' con todo mi corazón...

¿Porqué? Porque estoy obedeciendo precisamente lo que el corazón me dice. La lógica en mi decisión importa poco. Por mis venas corre sangre europea, americana y africana, pero no todas las siento igual. A pesar del orgullo que siento por mi familia, no tengo nada de orgullo por mis ancestros europeos, pues fueron esclavistas, invasores, saqueadores, genocidas, ladrones y violadores... En cambio el pecho se me hincha cuando hablo de mis ancestros africanos e indígenas (americanos), cuya huella se nota claramente en mis facciones. Nuestros ancestros, y en este caso hablo por todos los afrocolombianos, vinieron de África central y occidental, y es muy probable que algunos de los míos hayan venido de lo que hoy es Nigeria. Muy probablemente Yorubas. Los argentinos son principalmente europeos, pues a excepción del norte de Argentina, allí los americanos y afrodescendientes fueron exterminados en guerras y por epidemias. Además han recibido inmigraciones masivas de Europa en la historia reciente (hasta mediados del siglo XX). Por eso me siento más cercano a los nigerianos, a pesar de las diferencias culturales, que a los argentinos. Pero como digo, es un mandato de mi corazón, no de la lógica. Sí, sería mejor para el fútbol suramericano si Argentina gana, pero no me llenaría de alegría.

Es posible que haya algo de antipatía futbolística por los argentinos en mi decisión. De todas formas casi nunca los apoyo cuando se trata de fútbol a nivel de selección. No me importaría mucho el resultado si el rival fuera Corea, Inglaterra, Dinamarca, Australia o algún país del medio oriente. Pero como es un equipo africano, y de África occidental para acabar de completar, siento que no tengo opción sino 'hinchar' por los nigerianos, con el perdón de mis amigos argentinos. Además, creo que cuando algún deportista africano triunfa, no importa la disciplina, se aporta un granito de arena a la buena imagen y tal vez al desarrollo del continente africano, una causa (¿o conjunto de causas?) que me gustaría ver avanzar durante el tiempo que me queda de vida, por muy utópico que suene.

Además me alivia mucho que los equipos de fútbol africanos no reciban las goleadas que recibían hasta los años 70, que le daban una excusa a los racistas del mundo para que ridiculizaran a los africanos insinuando que eran “primitivos” o “inferiores”. En los últimos 20 años muchos africanos han jugado en Europa, convirtiéndose en estrellas y promoviendo el deporte en sus países de origen, cerrándole la boca a muchos supremacistas blancos.

Esto me recuerda que entre las anécdotas del famoso 5-0 de Colombia a Argentina en 1993, era que muchos bonaerenses decían que nos iban a apabullar supuestamente porque “todos” los colombianos eran “negros”. Pues bien, los cinco goles fueron marcados por afrodescendientes (Rincón, Asprilla y Valencia). Ahora me pregunto si en parte es por eso que disfruto cuando africanos o afrodescendientes derrotan a Argentina. No sé.

Lo que sí sé es que mi corazón grita “¡Fuerza Nigeria!”, y si logro ver el partido lamentaré cada gol que reciban, y gritaré cada uno de los que anoten.

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23 de agosto, 2008

Y en un partido flojo Nigeria perdió 0-1, por falta de profundidad... y por no tener a Messi. Como lo había previsto, me entristeció el gol, anotado por Di María, y lamentablemente las 'Águilas' no hicieron mayor cosa por el empate y menos por la victoria.

Pero lo importante (y lo relevante para esta columna) fue apoyar a Nigeria, obedeciendo el llamado de la sangre.

Ann Arbor, Michigan, E.U., 21 y 23 de agosto de 2008
Para Barûle Gazette

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Y a Colombia se le ha olvidado lo que hizo Maturana


17 de agosto de 2008

Poco antes del partido entre el Santa Fe y el Real Madrid, en el que, a pesar de perder, Santafecito salió bastante bien librado, había críticas en blogs y no pocas cadenas radiales hacia el 'Bolillo' Gómez, por diversas razones, incluyendo el ser un paisa dirigiendo un equipo bogotano, un asunto álgido debido a la rivalidad no oficial que hay entre Bogotá y Medellín, y la rivalidad oficial y revestida de guerra que hay entre “barras bravas” de los equipos de fútbol de las dos ciudades (pongo “barras bravas” entre comillas porque yo los llamo criminales). No voy a ahondar en lo calificado que es 'Bolillo' para dirigir cualquier equipo, ni al hecho de que Bogotá es una ciudad para TODOS los colombianos, temas que dan para columnas separadas por fuera del contexto de Barûle Gazette, pero sí en un tema que nos interesa y que se desprendió de los comentarios hechos: está relacionado con el técnico Francisco 'Pacho' Maturana, afrodescendiente chocoano que se ha destacado a nivel mundial.

Es imposible desligar a 'Bolillo' y a Maturana, pues además de colegas y amigos han sido estrechos colaboradores cuando de dirigir las selecciones Colombia se ha tratado. Así que cuando en diversos blogs se estuvo criticando a 'Bolillo', Maturana salió a colación. Y a pesar de que el tema es viejo, periódicamente vuelve y sale al aire en los medios de comunicación del país. Y una vez más, el pueblo colombiano muestra una inmediatez y una capacidad de olvido que me dejan con la boca abierta.

Si se hiciera una encuesta de popularidad de técnicos colombianos Maturana quedaría con niveles bajísimos. Debido a que en varios equipos que dirigió después de la selección nacional no le fue tan bien como en los años 90 en Colombia, periodistas como el siempre cáustico Iván Mejía han logrado que la opinión se torne en contra del técnico chocoano, y citando una frase suya completamente fuera de contexto, la famosa “perder es ganar” (una referencia a que se debe aprender de las derrotas, lo que se puede aplicar a todos los aspectos de la vida), han destruido su imagen en Colombia. A nivel internacional Maturana aún es respetado, al igual que en los círculos en los que se mueve. Pero el colombiano de a pie no quiere saber nada de él. Esta actitud siempre me ha molestado, y al fin tengo una ventanita para expresar mi frustración.

Estoy de acuerdo en que el ciclo de 'Pacho' en la selección se cumplió y que debería haberse retirado en 2001, pero hay cosas que los colombianos han olvidado. Los más jóvenes tal vez no saben que la selección Colombia en los años 80 no era más respetada de lo que Bolivia y Venezuela lo han sido tradicionalmente, y se acostumbraron a que se viera a Colombia como el equipo poderoso de la década de los 90. Aquí va un recorderis para todos, jóvenes y no tan jóvenes, que no hay que explicar mucho más allá de su simple mención:

1- En los años 70 y 80, excepto por el subcampeonato de la Copa América en 1975, en el que Maturana cumplió un papel destacado como defensor del equipo nacional, la selección Colombia era un equipo de fondo de tabla. Nadie nos respetaba ni se esperaba que pasáramos de la primera ronda en ningún torneo. Al jugar contra Brasil o Argentina Colombia salía a no ser goleada y francamente daba vergüenza. Como anécdota, en 1985, en un suramericano juvenil en el que la selección dirigida por Marroquín deslumbró al continente, los muchachos tuvieron problemas porque sus reservaciones en el hotel en el que se hospedaban expiraban al final de la primera ronda. Clasificaron a la segunda y tuvieron que hacer maromas para conseguir otras habitaciones.

2- En la Copa América Argentina 1987, Colombia, dirigida por Maturana, deslumbró al mundo con un equipo sólido en defensa, inventivo en el ataque, y presentó al mundo una de las más grandes estrellas: Carlos 'El Pibe' Valderrama. Colombia recibió el reconocimiento como mejor equipo, 'El Pibe' fue declarado el mejor jugador, Arnoldo Iguarán recibió el Botín de Oro (goleador), y Maturana fue declarado el mejor técnico. Sólo faltó el título, aunque Colombia fue tercera, derrotando al equipo local en el partido por el tercer puesto, con Maradona a bordo. Argentina venía de ser campeón mundial en México 1986.

3- En 1989 Atlético Nacional, dirigido por Maturana, logró la primera Copa Libertadores en la historia de Colombia. Ni el encopetado América de Cali, entonces dirigido por Gabriel Ochoa, había logrado el título tras 4 finales. En la Copa Intercontinental de clubes en diciembre de ese año el Milán, entonces el mejor equipo del mundo tuvo muchos problemas para vencer a Nacional 1-0, ¡con un gol marcado al final del segundo tiempo suplementario!. Se había especulado acerca de opciones como el Milán no viajar a Tokio por no tener “un rival digno”, o de enviar a un equipo argentino o brasileño representando a Sur América, en lugar del equipo paisa. El equipo de Maturana, a pesar de la derrota, le cerró la boca a todo el mundo, y recordemos que el equipo dirigido por el legendario técnico Arrigo Sacchi contaba con superestrellas como los italianos Costacurta y Donadoni y los holandeses Rijkaard y van Basten.

4- También en 1989, Colombia, dirigida por Maturana, logró la primera clasificación a un mundial desde Chile 1962, y cumplió una labor destacada en Italia 1990, incluyendo un empate 1-1 a Alemania en el que fue considerado por la crítica el mejor partido del ese mundial, y el ÚNICO que Alemania, a la postre campeón, no ganó. Aquí entre nos, Alemania no perdió de pura suerte. Fue la única vez que Colombia clasificó a la segunda ronda, en la que fuimos eliminados por Camerún gracias a un error individual de René Higuita.

5- La selección que se mostró en Italia deslumbró al mundo con su juego elegante y bonito y recibió invitaciones de muchos países europeos para partidos amistosos con selecciones nacionales del continente. Incluso se le empató a Inglaterra 1-1 en el estadio Wembley, que en ese entonces era considerado el templo del fútbol inglés, donde los locales siempre ganaban.

6- En 1993 Colombia, dirigida por Maturana, clasificó por segunda vez consecutiva a un mundial. El 5 de septiembre cometió la irreverencia, que nadie en lo absoluto esperaba, de vencer a Argentina 5-0 en el estadio Monumental Antonio V. Liberti (“Monumental de Nuñez”) en Buenos Aires, dejando a Argentina con la opción del repechaje para clasificar. El mundo se quitó el sombrero ante Colombia, el país celebró con júbilo y la selección fue considerada como candidato al título en E.U. 1994. El Rey Pelé mantenía a Colombia en su lista de favoritos al título y la comparó en la selección Brasil de 1970. En E.U. Colombia fue eliminada trágicamente por factores sospechosos, seguramente de índole extradeportiva, y probablemente por razones políticas.

7- En 2001, Colombia, dirigida por Maturana, ganó la Copa América celebrada en nuestro país. Fue una campaña impecable, en la que se ganaron todos los partidos sin recibir un sólo gol en contra. La fiesta la celebró el país entero, y América se dio cuenta de que a pesar del escepticismo debido a la situación de orden público en el país, la organización fue perfecta. Argentina, que declinó asistir por miedo a la seguridad de sus jugadores fue ridiculizada por la prensa de su país. Colombia llegó a la cuarta posición en el escalafón de la FIFA.

8- Francisco Maturana ha sido el único técnico de Colombia que ha recibido el reconocimiento como mejor técnico de América, y lo ha recibido en dos ocasiones: 1987 y 2001.

En resumen: Dos mundiales, invitaciones a Europa, una Copa Libertadores, reconocimiento mundial, una copa América, cuarto lugar en el escalafón de la FIFA, y mejor técnico de América en dos ocasiones.

Pregunta... ¿Hay algún otro técnico en Colombia con esta hoja de vida? 'Pacho' ha tenido sus fracasos también, pero hay que reconocer, que el fútbol en Colombia se divide en antes y después de Maturana, afrodescendiente colombiano. Barûleño.


Ann Arbor, Michigan, E.U., 17 de agosto de 2008
Para Barûle Gazette


Post-Data:

Muchos detractores de Maturana esgrimen el argumento “pero con esos jugadores culquiera hubiera hecho lo que hizo Maturana…”. Es cierto que la generación de jugadores con los que contó Maturana fue brillante, pero aquí van unos datos interesantes:

• Gabriel Ochoa dirigió la selección nacional en las eliminatorias para México 1986 con Valderrama en sus filas, y no clasificó.

• Los jugadores que reunió Maturana no eran nuevos cuando él armó la selección, pero ningún otro técnico había armado el equipo que deslumbró al mundo.

• En la Copa América de 1989 Colombia fue dirigida por Luis Augusto “el Chiqui” García, con los mismos jugadores que Maturana reunió para la copa de 1987, y cumplió un papel bastante discreto. Estos mismos jugadores, bajo la tutela de Maturana, golearon a Argentina en Buenos Aires pocos meses después, y clasificaron de manera directa a Italia 90.

• Los jugadores que ganaron la Copa América en 2001 eran buenos, pero no eran los prodigios de los años 90, excepción hecha del capitán Iván Ramiro Córdoba, por ese entonces uno de los mejores defensores del mundo. Maturana coronó a Colombia campeón con un grupo de jugadores totalmente distinto al de Italia 90 o E.U. 94.

Entonces… ¿”cualquier técnico”?

Ann Arbor, Michigan, E.U., 25 de junio de 2009.

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Bob Marley, profeta de todos los afro


10 de agosto de 2008

En una conferencia de la ONU, en la ciudad de Nueva York en 1963, el entonces Emperador de Etiopía, Haile Selassie I, más conocido como “El León” por los Rastafari, hizo un llamado a la paz mundial y al cese de la explotación de los pueblos africanos. Era el portador de un mensaje que, meses antes de la conferencia, los jefes de estado de 32 naciones africanas habían enviado al mundo al demostrar que podían y querían trabajar juntos por la paz, la igualdad y el progreso.

Un fragmento del histórico discurso fue utilizado por Bob Marley en su canción 'War' ('Guerra'). El fragmento hacía referencia al efecto que la discriminación racial en el mundo, y especialmente hacia el continente africano, tiene sobre la paz: la elimina. 'War' fue lanzada como parte del álbum 'Rastaman Vibration', de Bob Marley y Los Wailers, en 1976. A pesar del título es una canción pacifista y en mi opinión debería ser considerada como un himno de todos los afrodescendientes del mundo.

Hace unos días estuve escuchando la canción, que me ha fascinado desde hace años, y me di cuenta de que con modificaciones menores se puede aplicar perfectamente a la nación afrocolombiana, y me he tomado la libertad de traducir la canción y adaptarla para que se aplique específicamente a nosotros. Reitero que no es una canción guerrerista, sino todo lo contrario. Es una canción pacifista, aunque nos exhorta a luchar por la igualdad a través de la cual se puede lograr la paz. Mis adaptaciones se encuentran en cursiva:


WAR
(Bob Marley, 1976)
Traducción y modificación: Alonso Córdoba, 2008
___________________________

Hasta que la filosofía que establece que una raza es superior
y otra es inferior
sea final y permanentemente desacreditada y abandonada
habrá guerra
digo que habrá guerra

Hasta que deje de haber
ciudadanos de primera y segunda clase de cualquier nación
hasta que el color de la piel de una persona
no tenga más significado que el color de sus ojos
digo que habrá guerra

Hasta que los derechos humanos básicos
sean garantizados para todos
sin importar la raza
habrá guerra

Hasta ese día
el sueño de paz duradera
de ciudadanía colombiana
del regir de la moralidad nacional
será una ilusión efímera que será perseguida
pero nunca alcanzada
Así que ahora hay guerra... guerra

Y hasta que las actitudes infelices e innobles
que oprimen a nuestros hermanos en el Chocó
en el Valle, en el Cauca, en Nariño, en el Atlántico y el Magdalena
y la servidumbre sub-humana
hayan sido demolidas y completamente destruídas
en toda Colombia habrá guerra

Guerra en los Andes
guerra en el Pacífico
guerra en el Caribe
guerra en los valles
guerra, guerra
rumores de guerra

Y hasta ese día
la nación afrocolombiana
no conocerá la paz
Los afro lucharemos, lo encontramos necesario
y sabemos que triunfaremos
pues confiamos en la victoria
del bien sobre el mal

___________________________


Sólo a través del reconocimiento de los afrocolombianos como compatriotas con los mismos deberes, derechos
y privilegios de todos los demás colombianos lograremos la igualdad que necesitamos como base para disparar el progreso de nuestra etnia a nivel económico, educativo y, en general, humano.

Escuchemos 'War' de Bob Marley. Pensemos en su mensaje e interioricémoslo; sintamos su energía, y utilicémosla como símbolo de nuestra lucha pacífica por una Afrocolombia digna. La que soñamos y queremos alcanzar.

Ann Arbor, Michigan, E.U., 10 de agosto de 2008
Para Barûle Gazette

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Lo que nos falta

2 de agosto de 2008

Vivir en E.U. y prestar atención a las noticias significa estar por estos días bombardeado de información acerca de las elecciones presidenciales en las que se enfrentan Barack Obama y John McCain. Ya he discutido antes lo importante que es que un afrodescendiente tenga una opción real para llegar a la presidencia de una potencia como E.U. Invariablemente uno se pone a pensar en qué hace falta para que un afrocolombiano tenga una opción similar en nuestro país, y yo creo que nos falta muchísimo para llegar a ese punto. Hoy quiero hacer una reflexión basada en lo que que observado en un trabajo en el que tengo que lidiar con mucha gente, de todas las etnias, niveles educativos y nacionalidades, y contrastarla con lo que he observado en Colombia.

Las actitudes hacia los afrodescendientes en Colombia y en E.U. son tan paradójicas que a veces se raya en el absurdo. Los esclavos afro en Colombia fueron legalmente liberados en 1852. En E.U. Se esperó hasta 1865 (ventaja para Colombia). En Colombia nunca ha habido un racismo legalizado como lo hubo en E.U. hasta los años 60 del siglo pasado, que era un 'apartheid' de facto, especialmente en los estados del sur del país (ventaja para Colombia). En Colombia no ha habido un movimiento por los derechos civiles como lo tuvo E.U. bajo la batuta de Martin Luther King hijo, y que fue precisamente lo que dio fin al racismo institucionalizado (ventaja para E.U.). En Colombia nunca hubo un grupo de 'limpieza' dedicado a eliminar a los afrodescendientes, como lo hizo el Ku Klux Klan en E.U. (ventaja para Colombia, aunque han existido grupos armados ilegales que cometen masacres con otros criterios). En Colombia no hay segregación por áreas en las ciudades, como en E.U., donde alguien que se mude a un barrio donde otro grupo étnico es mayoría debe atenerse a las consecuencias (ventaja para Colombia). Se podría pensar que en Colombia le llevamos una ventaja inmensa a E.U. en cuestiones de igualdad racial. ¿Cómo es, entonces, que un afrodescendiente estadounidense tiene opciones reales de llegar a ser presidente, algo que es inconcebible en Colombia en este momento y en el futuro previsible?

Sin ánimo de llegar a decir que la respuesta es sencilla, porque en realidad es muy compleja, creo que una de las razones que promueven esta situación es la visión que las nuevas generaciones tienen de las diferencias étnicas en E.U. y en Colombia. En E.U. las personas menores de 30 años en su mayoría ignoran el color de la piel. Claro, aún falta mucho para llegar a un punto realmente satisfactorio, pero he observado que muchas de ellas respetan a los demás como personas, sin importar su etnia. Años de repetición en cuanto a que no se debe discriminar a nadie por el color de su piel, lentamente van teniendo resultados, que sólo mejorarán a medida que las generaciones de mayor edad pasen a mejor vida. He notado, en el trabajo que tengo, que nadie hace referencia a la etnia de las personas con las que tratamos. Puede tratarse del más estereotípico de los afrodescendientes estadounidenses, con lo más colorido de la moda rapera, hablando 'ebonics' (como se le ha llegado a llamar al inglés consistentemente distorsionado de algunos afrodescendientes) y con todo el 'bling' del mundo ('bling' es la parafernalia joyera que los raperos tienden a usar), pero nadie se va a referir a esta persona con ninguna palabra que haga referencia a su etnia o a su visión de la moda, especialmente si es despectiva. No garantizo que no la piensen, pero no la dicen, y esto marca una gran diferencia.

En Colombia, invariablemente un o una afrodescendiente va a ser identificado(a) como 'negro' o 'negra' por las personas que estén lidiando con él o ella (aunque no se lo digan de frente). Inconscientemente los estereotipos negativos que van ligados a la palabra van a sesgar el comportamiento hacia esta persona y también las expectativas que de él o ella se tienen. Van a esperar que sea una persona mal educada, sucia, escandalosa y poco inteligente. Cuando se encuentran alguien que rompe todos esos esquemas, como mi padre por ejemplo, un inteligente profesor universitario de lingüística, siempre impecablemente vestido y mesurado y elegante en su hablar, no saben cómo reaccionar. Por actitudes de este tipo, falta mucho tiempo para que un afrodescendiente cuente con el apoyo necesario para aspirar a una posición política elevada a la que se acceda a través del voto. Si Barack Obama fuera colombiano, no tendría ni la más mínima opción de ganar. En los foros de lectores de eltiempo.com he leído un sin número de comentarios contra Obama, no sólo por tener políticas contrarias a las de Uribe, apoyado por más del 80% de colombianos con línea telefónica en las principales ciudades del país, sino también por el simple hecho de ser afrodescendiente.

Nos falta. Nos falta mucho. Yo espero ver el día en que un afrocolombiano pueda lanzarse a la presidencia con opciones reales de ser elegido, pero creo que si eso ocurre yo estaré por lo menos de bastón, hablándole a mis nietos o bisnietos del día en que un afrodescendiente se lanzó a la presidencia de E.U. Ojalá pueda decirles que fue elegido y que hizo un trabajo magnífico.

Ann Arbor, Michigan, E.U., 2 de agosto de 2008
Para Barûle Gazette

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A propósito del Día de la Independencia

27 de julio de 2008

La semana pasada estuve escribiendo acerca de los detalles legales absurdos en el proceso de la liberación de los esclavos en Colombia en 1852, luego de la promulgación de una ley en 1851. También hablé del papel que los afrodescendientes de inicios del siglo XIX desempeñaron en las guerras de independencia en América Latina, especialmente Sur América, y por andar concentrado en ello dejé pasar la oportunidad de hablar de lo que la independencia de Colombia significa para nosotros, los Afro. Era la semana del 20 de julio y sólo caí en cuenta después de leer la editorial de Giunëur Mosi y la columna de Mario Alonso Sánchez (Cara a cara con Maítho). Pues bien, es hora de enderezar el camino y hacer referencia al hecho, complementando lo escrito en mi columna anterior.

Hablé del papel de los afrodescendientes en el proceso independentista, pero no comenté lo que la independencia de Colombia significa para nosotros. ¿Podemos realmente celebrar una fecha en la que nuestros ancestros fueron embaucados descaradamente? La respuesta no puede ser un 'sí' o un 'no' a secas, sino que es una cuestión de opinión que depende de muchos factores. Desglosemos algunos de ellos:

- Colombia es un país multiétnico desde sus orígenes. Aunque las fronteras hayan sido establecidas por reyes españoles que sólo tenían en mente saquear esta tierra, y luego re-definidas por criollos que no eran más que españoles discriminados por no haber nacido en la península ibérica, nuestra nación fue construida sobre los hombros de indígenas y afrodescendientes. La nación colombiana es tan nuestra como lo es de los descendientes de europeos.

- El papel de los afrodescendientes en el proceso de independencia de Colombia es innegable. Sin ellos (o mejor dicho nosotros) el ejército libertador no habría contado con fuerzas suficientes para derrotar a los realistas. Si bien muchos fueron reclutados a la fuerza, muchos se unieron al ejército para ser libres en un país nuevo y libre. Muchos de nuestros ancestros decidieron que valía la pena pelear por esta causa.

- La figura principal de la liberación del norte de Sur América fue Simón Bolívar. Sin él probablemente habríamos tenido que esperar muchos años más para que tanto criollos, como indígenas, esclavos afro, y todos sus descendientes, mezclados y sin mezclar, pudiéramos conformar una nación. Pero Bolívar dependió de afrodescendientes en varios momentos cruciales de su vida. Fue criado e incluso amamantado por una esclava llamada Hipólita, quien le brindó no sólo el elixir de su propio cuerpo, sino también el afecto que un niño necesita. En 1815 y 1816 fue acogido y fortalecido por el afrodescendiente haitiano Alexandre Petión, quien en dos oportunidades brindó fondos, armas y municiones a su campaña con la condición de liberar a los esclavos una vez fuera culminada. Y no podemos olvidar al coronel Juan José Rondón, afrodescendiente comandante del escuadrón de 13 lanceros que salvaron al ejército libertador, comandado por Bolívar, de una derrota decisiva en la batalla del Puente de Boyacá en agosto de 1819. Los “centauros” de los que se habla en el Himno Nacional estaban comandados por un afrodescendiente fuerte, valiente y orgulloso. Aquel a quien el Libertador lanzó la famosa frase “¡Coronel, salve usted la patria!”. Y la salvó.

- La libertad de Colombia llegó y se conformó la República, hoy llamada “Gran Colombia” para distinguirla de la República de Colombia actual que en realidad corresponde a lo que era la República de la Nueva Granada cuando Colombia se disolvió en 1830. Pero nuestra libertad no llegó hasta mucho después, y sólo el punto de vista legal. Esperamos hasta 1852 para ser legalmente libres, pero no por eso felices. Allí comenzaron muchas penurias por las que aún hoy pasamos y con las que iniciativas como Barûle Gazette intentan ayudar a eliminar. La independencia de Colombia, a pesar de nuestro papel clave, no equivale a la independencia del pueblo afro colombiano.

Entonces, ¿celebrar o no celebrar la independencia de Colombia? En mi opinión sí. Porque esa independencia no se habría logrado sin nosotros y de eso debemos estar orgullosos. PERO (las mayúsculas son muy a propósito), teniendo en cuenta que no debemos olvidar que fuimos estafados por una clase dirigente criolla, mayoritariamente española (aunque hayan nacido aquí), que con bellaquería nos negó la libertad por muchos años pues su economía personal dependía de la esclavitud, condenándonos a sufrimientos que, derivados de esa negligencia infame de la que fuimos víctimas, aún hoy padecemos,

¡Viva Colombia!, pero Afro-Colombia aún sufre, aún lucha, aún busca su independencia (y no hablo de montar país aparte, porque el Reino de Barûle no es in intento por desmembrar a Colombia), aún busca su plena libertad. La independencia de Colombia se puede celebrar, pero con la conciencia de que a nosotros aún nos falta y que algún día podremos celebrar el nacimiento de Colombia como nación, y además el nacimiento de la nación Afrocolombiana digna, con el respeto y el reconocimiento que se merece. Una nación Afrocolombiana libre, con igualdad de derechos, con representación en el gobierno, y con un nivel de vida igual al de los demás colombianos.

Ann Arbor, Michigan, E.U., 27 de julio de 2008
Para Barûle Gazette

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