martes, 11 de agosto de 2009

Choc Quib Town, barûleños llevando el hip-hop por la buena senda


29 de junio de 2008

En la edición pasada de Barûle Gazette, nuestro editor Giunëur B. Mosi rindió un homenaje a la agrupación chocoana de hip-hop Choc Quib Town, aquí entre nos, uno de mis grupos colombianos favoritos en la actualidad. Estos tres jóvenes se merecen el reconocimiento de cualquiera que sea amante de la música, tanto tradicional como contemporánea, porque han logrado fusionar una variedad de géneros creando un estilo propio y auténtico. Pero además de felicitarlos en esta columna por su trabajo quiero también hacer algunas reflexiones acerca del rap, el hip-hop y la cultura que los rodea.

El hip-hop (o rap... hay quienes dicen que son dos géneros distintos pero la línea es muy difusa) nunca ha estado entre mis géneros de música preferidos, aunque me parece un fenómeno muy interesante desde el punto de vista social y cultural. Primero debo aclarar que hay artistas de artistas y hay canciones de canciones. Hay artistas de hip-hop de altísima calidad y otros que dan lástima, y esto no necesariamente está correlacionado con su popularidad. Cuando el rap nació, hacia finales de los años 80, en áreas urbanas oprimidas en E.U., fue como una protesta contra la desigualdad y la injusticia a la que los pobres en E.U. han estado sometidos por siglos. La mayoría de afrodescendientes en el hemisferio occidental aún son pobres como resultado de siglos de esclavitud y posterior discriminación, así que es un resultado lógico que este tipo de protesta a través de la música viniera de afrodescendientes en E.U.

En ese entonces, cuando el rap era incipiente, el fenómeno era más interesante desde el punto de vista sociológico que del musical. Los ritmos eran básicos, había muy poca o ninguna instrumentación, y la letra de las canciones tenía un contenido social y político fuerte e interesante. Muchos de los melómanos del mundo coinciden con que a finales de los 80 y a comienzos de los 90 se hicieron las mejores grabaciones de rap y hip-hop que se conocen. Con los años, la comercialización, que todo lo corrompe, convirtió al hip-hop en un producto prefabricado en el que imperan las letras acerca de cómo ganar dinero, o cómo alardear cuando se tiene a manos llenas. Más tarde se instituyó el gangster rap ('rap pandillero'), en el que se hace apología a la violencia callejera, a la importancia de hacer dinero a como dé lugar, la importancia de mostrarlo, y a la importancia de estar rodeado de mujeres ligeras de ropas, nalgas y senos prominentes, a las que tildan de bitches (perras), lo cual se ha convertido en el sello de los videos de hip-hop (y reggaetón, que no es más que una copia del hip-hop comercializado y corrupto con un ritmo monótono que lo convierte en “latino”). Fue a través de esta comercialización e irrespeto a los valores morales y a la mujer, que el hip-hop se fue cuesta abajo.

Rodeando el fenómeno musical del hip-hop nació toda una subcultura que los afrodescendientes estadounidenses pobres de áreas urbanas han adoptado para mostrar su inconformismo con la “sociedad blanca”. Esta subcultura hace énfasis en distinguirse de todo lo que ellos consideren “blanco”. Desde la forma de hablar hasta la forma de vestir. Para ellos es muy importante hablar como “negros”, vestirse como “negros”, escuchar música “negra”, y entre más repudio cause entre la “sociedad blanca” mejor todavía. Así que a muchos de los que no hemos sido criados en este contexto todas esas formas de expresión son vistas como algo atiestético, aunque en realidad tienen una estética distinta.

En Latinoamérica, donde copiamos tanto lo que ocurre en E.U., el hip-hop fue adoptado también por la gente pobre de regiones urbanas como una forma de protesta contra el establecimiento. Pero como muchas de las cosas que se copian de nuestros vecinos del norte, se copió mal. Especialmente en cuestiones de moda. La moda “rapera” ha sido adoptada por latinoamericanos que no tienen ni idea de porqué la ropa que se usa se usa de esa forma (ropa ancha de colores vivos, cachuchas de medio lado y visera plana, joyería estrambótica, etc.): fastidiar a la “sociedad blanca” estadounidense. Y de paso fastidian a muchos que poco o nada tenemos que ver con el establecimiento. El hip-hop latinoamericano en general no ha sido de la mejor calidad, principalmente porque carece del sentido que tenía el hip-hop estadounidense antes de la comercialización. Por eso a mucha gente le gusta citar el coro de la canción 'No soporto el rap' (que es un rap) del español Joaquín Sabina: “no sopor, no sopor, no soporto el rap...”.

Sin embargo en varios países han surgido algunos grupos de hip-hop latinoamericano que le han dado un nuevo sentido a esta expresión musical llevándola de nuevo por el sendero de la protesta, la concientización social y política, y fusionándolos con elementos autóctonos de cada región que han enriquecido inmensamente el género para hacerlo de nuevo agradable a los oídos quienes somos menos vanales. A vuelo de pájaro se me ocurren los chicano-portorriqueños de Control Machete, los mexicanos de Molotov, los brasileños de Planeta Hemp y, por encima de todos ellos y con mucho orgullo, los chocoanos de Choc Quib Town. Estos tres muchachos, que se enorgullecen de sus raíces, de las cuales son abanderados, han logrado fusionar el hip-hop con música tradicional del Pacífico, además de incluir en las letras expresiones que sólo en el Pacífico colombiano se escuchan. Para los interesados la mejor referencia es su canción 'Somos Pacífico':

Somos Pacífico, estamos unidos
nos une la región, la pinta, la raza y el don del sabor...


Choc Quib Town lleva el hip-hop por la una nueva senda, mezclando los elementos originales de protesta social con un sabor y una sabrosura que son típicas de nuestro Pacífico. Al escucharlos dan ganas de bailar, cantar, rumbear, pegarse una pasadita por las orillas del Atrato, y de pensar en la cultura afrodescendiente del Chocó y de Colombia. Cuando dirigí mi programa de radio de música latinoamericana “alternativa” (entiéndase contemporánea o no tradicional) en mis días de estudiante de doctorado fue un alivio encontrarme con Choc Quib Town y su ritmo refrescante, chocoanísimo pero con proyección universal, que cualquiera puede entender, disfrutar y analizar..

Choc Quib Town, un crédito para el Chocó y para Colombia. Desde Errante Mente les deseamos una vida artística larga y productiva. Que se sigan oyendo su hip-hop, funk, reggae, flow, electrónica, bambazú, currulao y aguabajo, todos en uno, para que nos sigan infectando con su ritmo y su sabor.

Ann Arbor, Michigan, E.U. 29 de junio de 2008
Para Barûle Gazette

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Embajada chocoana en Bogotá

21 de junio de 2008

En Bogotá hay un rinconcito, que alguna vez estuvo en el centro pero que ahora está en el barrio Quirigua, en donde uno puede sentirse no como si estuviera 2600 metros más cerca de las estrellas sino como si estuviera a 50 metros del río Atrato o del río San Juan. En este rinconcito uno se puede enterar de los últimos acontecimientos (y chismes) del Chocó, en lo político, en lo económico, y también en lo popular. Es una barbería de vieja escuela, donde quien manda no se hace llamar 'estilista' sino 'peluquero' o 'barbero', a la vieja usanza: El Rincón Chocoano.

Su dueño, el alma y motor del lugar, Juan Mosquera, “el Paisano”, lleva incontables años asegurándose de que los afrodescendientes en Bogotá tengan un lugar donde entiendan cómo manejar su cabello ensortijado y firme de forma que puedan salir satisfechos, con un corte de calidad. Uno de esos cortes que no siempre se consigue en lugares donde los peluqueros son mestizos o blancos. Hoy en día es más fácil encontrar sitios donde los afrodescendientes podamos ir a hacernos un buen corte, pero hace 40 o 50 años en Bogotá eso era casi misión imposible. Y fue entonces cuando Juan Mosquera comenzó el camino a ser la institución que es ahora.

Este hombre, nacido en algún lugar a orillas del río San Juan, que no aparenta más de 50 años, pero que lleva esos mismos trabajando en Bogotá, se ha encargado de que los afrodescendientes, especialmente chocoanos, tengan un lugar donde además de hacerse un buen corte puedan reunirse a hablar de su tierra, a enterarse de lo que allí ocurre, encontrar ediciones recientes del semanario Chocó 7 Días, y reunirse con otros afro. Por eso muchas personas consideran a El Rincón Chocoano como la embajada del Chocó en Bogotá. Y no es una exageración: Antes de que existiera la Casa de la Cultura Afrocolombiana, estaba El Rincón Chocoano. Antes de que existiera Facebook, estaba El Rincón Chocoano. El lugar donde se reunían los amigos durante horas y horas, muchas más de las necesarias para hacerse el corte, a hablar con sus paisanos, y a escuchar las diatribas de el Paisano contra la corrupción de los políticos chocoanos y la indiferencia de los políticos colombianos para con el Pacífico.

Si Juan Mosquera es el embajador del Chocó, su esposa Doña Nicolasa (q.e.p.d.), era la Primera Dama. Doña Nicolasa era una matrona de esas que se encuentran en el Pacífico, de mano firme, pero con un corazón más grande que su sonrisa, que nunca se apagaba. Ella manejaba una tienda al lado de la barbería donde además de lo típico de una tienda en Bogotá se conseguían las mejores empanadas chocoanas que yo recuerde haber comido. Mientras los clientes esperaban su turno para que el Paisano les cortara el pelo, o simplemente seguían allí disfrutando de la compañía de sus amigos, uno podía abrir una ventanita que daba a la tienda y pedirle a Doña Nicolasa sus empanadas. Siempre con su impecable sonrisa, siempre amable (excepto cuando sus hijos hacían travesuras), salían las empanaditas, calienticas y humeantes, para deleite de quienes visitábamos la embajada.

Ir un domingo a El Rincón Chocoano, era mucho más que ir a cortarse el pelo. Era un evento familiar que duraba largas horas y se disfrutaba enormemente. Recuerdo al Paisano desde que tengo memoria. En su barbería conocí a los amigos de adolescencia de mi papá y a sus hijos. En Bogotá, donde los afro somos minoría, era gracias al Paisano que yo me conectaba con otros chocoanos y sus hijos. Fue allí donde hice mis primeros amigos afro. Fue en frente de la barbería donde mi padre me dio las primeras lecciones de fútbol. Fue allí donde probé las empanadas fantásticas de Doña Nicolasa. Fue allí donde escuché las diatribas, monólogos y chistes del Paisano, hombre apasionado que a veces debe hacer una pausa en el corte de un cliente para expresar lo que dice abanicando las manos en el aire. Un domingo en donde el Paisano era toda una experiencia.

Excepto por unos meses en los que el Paisano estuvo enfermo en los años 90, siempre que he estado en Bogotá me he cortado el pelo allí y ahora que ando en el exterior me lo corto yo mismo. Para mí no es fácil ir a una peluquería porque a mí me gustaría que fuera siempre el Paisano, con toda la experiencia cultural que provee, quien me hiciera el corte. Y cuando voy a Bogotá, aunque sea sólo por dos semanas, aprovecho para ir a visitarlo. Su peluquería ya no es el hervidero que era durante mi niñez. Pero el paisano sigue allí, firme, cortando el pelo los afrodescendientes en Bogotá, aún ejerciendo de embajador, aún sonriente, y aún orgulloso de ser chocoano. Aún cálido con todos sus clientes. Aún dándonos el privilegio de poder visitar el Chocó en el barrio Quirigua de Bogotá en ese pequeño Rincón Chocoano que podemos disfrutar, gracias a ese gran hombre que es Juan Mosquera, el Paisano.


Ann Arbor, Michigan, E.U. 21 de junio de 2008
Para Barûle Gazette

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De Luther King a Obama

16 de junio de 2008

La semana pasada hablé de las cosas positivas que para los afrodescendientes colombianos representaría tener a Barack Obama como presidente de E.U. Pero el tema da para más y ayer, cuando hablaba con mi padre para felicitarlo por el Día del Padre, se me ocurrió ver la cuestión desde un ángulo distinto al de mi columna anterior. Mi padre me preguntó cómo veía yo el fenómeno Obama, pues estando en E.U. se percibe de forma distinta a como se percibe en Colombia. Tras exponer él su punto de vista y recordarme que Obama es reconocido y admirado en todo el mundo, soltó una frase clave: “Obama, de ser elegido presidente, representaría el sueño del que [Martin] Luther King [hijo] habló...”. Mi padre se refería, por supuesto, al discurso que Luther King dio el 28 de agosto de 1963 en los escalones del monumento a Abraham Lincoln en Washington, D.C. (E.U.), ante una multitud de unas 200 mil personas que apoyaban el Movimiento Estadounidense por los Derechos Civiles que él lideraba. Tal discurso es conocido como “Tengo un sueño” o “Tengo una ilusión” (“I have a dream” es el nombre en inglés).

Una de las frases más citadas del discurso es: “I have a dream that my four little children will one day live in a nation where they will not be judged by the color of their skin but by the content of their character.” (“Tengo la ilusión de que mis cuatro niños vivirán un día en una nación en la que serán juzgados no por el color de su piel sino por el contenido de su carácter.”). Esos niños ahora tienen más de 50 años y están siendo testigos del evento histórico de que un afrodescendiente está muy cerca a ser el presidente de un país en el que eso no se puede lograr sin el voto de la mayoría blanca. Hay algunos que aún objetan por el color de su piel; eso es algo que seguirá siendo así por muchos años, pero hay muchos más que están viendo a Obama, el hombre elocuente, firme y de grandes ideales, y no al “negrito loco” que quiere ser presidente.

Volviendo al efecto que mencioné la semana pasada, los afrodescendientes estadounidense son un referente para los afrodescendientes colombianos. Debemos aprovechar esta oportunidad para que esa ilusión de Martin Luther King hijo se convierta en una realidad para los afros colombianos como está ocurriendo en E.U. gracias a Barack. La razón por la que el discurso “Tengo una ilusión” es tan famoso en todo el mundo, es porque aunque menciona lugares específicos como los estados de Georgia, Tennessee o Louisiana, su mensaje que dice se puede aplicar a casi cualquier grupo oprimido del mundo, especialmente si se trata de afrodescendientes. Los afros colombianos debemos luchar para que ese sueño, esa ilusión, se cumplan para nosotros también. Obama nos está demostrando que eso es posible.

En Colombia hay campos en los que el color de nuestra piel ya no es un obstáculo para tener éxito, y nuestro deber es luchar para que eso ocurra en otros campos también. En las próximas semanas estaré escribiendo una columna acerca de talento chocoano donde ahondaré en detalles y tendré una lista de nombres de chocoanos destacados, pero por ahora podemos mencionar a afrodescendientes reconocidos en distintos campos como los músicos Jairo Varela (Grupo Niche), Nino Caicedo, Alexis Lozano (Guayacán), Hansel Camacho y Totó La Momposina, los futbolistas Willington Ortíz, Faustino Asprilla, Freddy Rincón y Hugo Rodallega (paro ahí porque la lista es larguísima), la pesista María Isabel Urrutia, y los boxeadores Antonio Cervantes “Kid Pambelé” y Fidel Bassa. Todos ellos (y muchos más) son un orgullo para Colombia y para los afrodescendientes, y se han distinguido en campos en los que importa más la calidad de su trabajo que el color de su piel: la música y el deporte. Necesitamos que la ilusión de Luther King se extienda a todos los campos de la vida cotidiana. Más recientemente hemos visto a la joven ministra de la cultura, Paula Moreno Zapata, comenzando a hacer pinitos en la política colombiana, campo en el que hace muchos años brilló Diego Luis Córdoba. Tenemos el ejemplo del Dr. Raúl Cuero, microbiólogo (ver la edición de Barûle Gazette de la semana pasada), quien ha ganado innumerables premios por su trabajo a la altura de los mejores del mundo.

En campos distintos a la música y el deporte apenas estamos viendo un amanecer. Apenas estamos viendo ejemplos en los que se nos juzga por quiénes somos y no por cómo nos vemos. Falta mucho por hacer para que eso sea una constante, pero siguiendo el ejemplo de estos pioneros podemos cumplir nuestra meta.

Y para llegar a esta meta debemos seguir el ejemplo de los colombianos que acabo de mencionar, pero también podemos ir más allá. Podemos usar el discurso y la ilusión de Martin Luther King como plataformas para llegar a donde queremos llegar. Como un himno que debemos tener en mente para seguir adelante. Y cuando estemos flaqueando, podemos encontrar inspiración en Barack Obama. El hijo de un africano que trabajó por su superación personal y sembró en su hijo la semilla que ahora germina para recordarnos que los afrodescendientes tenemos la fuerza y la inteligencia para brillar y estar entre los mejores. Y no porque seamos afrodescendientes, sino porque somos tan capaces como cualquiera. Simple y llanamente porque somos humanos.

Ann Arbor, Michigan, E.U. 16 de junio de 2008
Para Barûle Gazette

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Barack Obama, representante Afro en la política occidental

9 de junio de 2008

Acaba de terminar la temporada de elecciones primarias en E.U., y en el caso del partido demócrata acaba de terminar una de las competencias más reñidas que se hayan visto. Además es histórica por el hecho conocido de haber sido protagonizada por un afrodescendiente y una mujer. Hasta hace poco era impensable que en la política de la superpotencia se pudiera destacar, a tal nivel, alguien que no fuera un hombre anglosajón protestante (John F. Kennedy, católico fue una gran excepción). Si bien hay varios países occidentales que ya han tenido o tienen mujeres como jefes de estado (Chile, Argentina, Panamá, Nicaragua, Irlanda, Reino Unido, Alemania, Finlandia), nunca se ha visto que un afrodescendiente sea presidente de un país en el que no represente al grupo étnico mayoritario. Barack Obama ya pasó a la historia por el hecho de ser el candidato a la presidencia por uno de los dos partidos políticos predominantes en E.U., y de ser elegido podría ser tan importante como lo fue Martin Luther King Jr. A los ojos del ciudadano afro de a pie en E.U. eso significa convertirse en leyenda.

Pongamos las cosas en perspectiva. Hay dos cosas para tener en cuenta: La primera, es que la mayoría de ciudadanos estadounidenses que apoya a Obama, no lo hace por el hecho de ser afrodescendiente, y la segunda, que existe una razón para que hablemos de él en el contexto de Barûle Gazette.

Hablemos brevemente de la primera. Es probable que exactamente con los mismos ideales políticos y los mismos proyectos Barack Obama estuviera en la posición que está ahora si fuera eurodescendiente. Es un hombre preparado y elocuente, y representa el cambio que muchos quieren después del período árido en que George Bus ha sido presidente. Pero el hecho de ser afrodescendiente hace énfasis en el cambio que él planea traer. Su etnia no es el factor principal, pero sí una ventaja, aunque a los ojos de algunos votantes es una gran desventaja, y esos votarán por McCain, pase lo que pase.

Lo segundo a tener en cuenta es ¿marca alguna diferencia para Colombia o para los afrodescendientes colombianos que Obama sea o no presidente? Yo creo que sí. En lo estrictamente político pienso que nos conviene más un presidente estadounidense de ideología liberal e inclusivista, que apoye políticas pacifistas y de corte social, como reformar o impedir el TLC, que tal y como está planteado va a dejar a Colombia sin capacidad para competir en el sector agrícola, amén de problemas para la clase obrera estadounidense. De aprobarse, algunos exportadores colombianos van a estar muy felices, pero el campesinado va a sufrir más de lo que ya ha sufrido, y eso significaría cerrar la despensa del país. ¿Y para los afrodescendientes?

Para bien o para mal, los afrodescendientes colombianos siempre hemos tenido en los afrodescendientes estadounidenses un punto de referencia. Sentimos su lucha como nuestra, seguimos el desarrollo de los movimientos por los derechos civiles, admiramos y citamos a Martín Luther King Jr. y no pocos sabemos quién fue y qué hizo Malcolm X. En aspectos menos positivos, los jóvenes afrodescendientes en Colombia han modificado su moda en el vestir para imitar la de los raperos estadounidenses, y a nivel general se han alejado de la música de sus ancestros para centrarse en el hip-hop. La lucha contra el racismo en E.U. ha sido un modelo que nosotros quisiéramos seguir, aunque no es posible copiarlo al pie de la letra, pues el racismo allí es abierto, mientras que en Colombia se esconde y se niega. El racismo en Colombia se refleja en la invisibilidad de los afrodescendientes (excepto en el deporte y en la música).

Barack Obama ya representa un referente contemporáneo para todos nosotros. Es un ejemplo a seguir para todos, pues nos recuerda que a pesar de las dificultades que en la cultura occidental implica tener la piel que tenemos, podemos salir adelante y tomar papeles de liderazgo en cualquier campo. Obama puede convertirse en una inspiración para tomar el toro de la política por los cuernos y comenzar a trabajar de verdad por las comunidades afro, sin corrupción y sin el dañino “vengo por lo mio” o “¿cómo voy yo ahí?”. Además, creo que obligará a los políticos tradicionales colombianos a mirar más hacia el Pacífico, y a pensar que tal vez ha llegado el momento en el que las trabas que generalmente nos ponen para acceder a puestos de gobierno deberían desaparecer. Necesitamos y merecemos más representantes en el congreso, además de los que garantiza la constitución para las comunidades negras.

Si yo pudiera votar en E.U., sin duda votaría por Obama. Si él fuera blanco también votaría por él. Pero el hecho de ser afrodescendiente, como yo, de una familia que no era adinerada, y por tener la experiencia de haber vivido en, y viajado por, países de culturas variadas me hace sentir orgullo al ver un candidato con esas características. Siento como si la elección estadounidense de noviembre fuera más personal. Esto lo digo como afrodescendiente colombiano. Tengo muchas esperanzas. Esperemos que para enero de 2009 la Casa Blanca sea un poco menos blanca.

Ann Arbor, Michigan, E.U. 9 de junio de 1998
Para Barûle Gazette

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Diáspora Afrocolombiana

1º de junio de 2008

En la edición No 4 de Barûle Gazette nuestro columnista Armando Mosquera, quien reside en Washington D.C., en E.U., escribió en su “Punto y Coma” una nota titulada “¿Qué pasa negro?” en la que se refiere a la celebración de la Primera Semana Afrocolombiana en E.U. y además a lo que, en su opinión, significa ser ‘negro’. Como poco a poco la gaceta comienza a llamar la atención y reunir lectores hemos recibido opiniones acerca de algunos de nuestros escritos y “¿Qué pasa negro?” levantó ampolla, quiero comentar al respecto. Un lector se sintió “indignado” con lo allí expuesto y lo compartió con sus contactos chocoanos para que lo discutieran, y nos hizo llegar una de las respuestas. En primer lugar quiero agradecer a todos aquellos que están leyendo nuestra gaceta, hecha pensando en todos los afrocolombianos, pero en especial en los chocoanos o barûleños. En segundo lugar quiero expresar mi opinión al respecto de lo expresado por nuestro lector y su contacto.


El primer lector sintió indignación, aunque no quedó claro qué cosa, dentro de la columna, se la causó. Hace referencia a los “[chocoanos] que sí vivimos en Colombia y sí conocemos la realidad de las cosas”, así que asumo que algo le molesta de que los chocoanos y descendientes de chocoanos que vivimos fuera del país estemos expresando nuestras opiniones del Chocó. Quiero aclarar que, en mi opinión, la columna de Armando Mosquera no expresó ninguna ofensa contra nuestro departamento. El segundo lector se mostró más abierto a considerar los motivos personales que tienen las personas para radicarse en lugares lejanos a la Madre Tierra (el Chocó). Y es aquí donde encajan mis reflexiones de la diáspora chocoana, que comenzó hace ya bastante tiempo.

Como es costumbre, incluyo experiencias personales o experiencias que conozco gracias a quienes las vivieron directamente. Quienes conforman la diáspora son todos aquellos que voluntariamente salieron del Chocó para vivir en otro lugar sin perder conexiones con su tierra. Mi padre, Fulvio Córdoba Aguilar, forma parte de la que yo considero la generación pionera de esa diáspora: Un grupo de chocoanos intelectuales y supremamente talentosos que se dispersaron por Colombia porque en los años 50 y 60 el país necesitaba maestros de la gran calidad que producía la Normal de Varones de Quibdó. ¡Talento chocoano de exportación! Ellos fueron quienes en la costa atlántica, los llanos orientales y la región cundiboyacense, comenzaron a mostrarle a Colombia lo que el Chocó era: Una tierra de gente amable, alegre y talentosa que estaba dispuesta a trabajar no sólo por el Chocó sino por Colombia. Como maestros siempre fueron altamente apreciados. La mayoría de los que conozco terminaron siendo profesores de importantes universidades del país, generalmente premiados y elogiados. Ellos fueron quienes construyeron familias, generalmente afro-mestizas de las que algunos de nosotros provenimos. Y a pesar de no haber nacido en el Chocó estamos altamente orgullosos de nuestras raíces.

Esta generación inicial de la diáspora le tapa la boca a todos los racistas que ha habido, y hay, en Colombia, quienes equivocadamente creen que los afrodescendientes somos ignorantes, incultos y maleducados. No le dan la oportunidad a nadie de aplicarle a ellos estereotipos negativos, lo que los hace grandes embajadores de la cultura chocoana. Y al mismo tiempo nos han inculcado desde pequeños el orgullo por nuestros ancestros y por el Chocó. Además los valores con los que ellos se educaron, de rectitud, ética, civismo y, por así expresarlo, “berraquera”. “¡Pa’lante es pa’llá, mijo!”, me dice siempre mi papá, y no, ese no es el lenguaje que usaba cuando dictaba sus clases de español y literatura, con gramática y dicción perfectas. Un caso muy parecido es el de nuestro editor, Giuneür B. Môsi, a quien su padre (y columnista de la gaceta), Armando Mosquera, le inculcó los valores que lo han llevado a tomar la iniciativa pro-chocoana de Barûle Regnum, de donde se deriva esta gaceta, a pesar de residir en E.U.

Y el caso de Giuneür me lleva a la más reciente generación de la diáspora: Aquellos, quienes viniendo de la primera generación, o de chocoanos que se quedaron en el Chocó, más recientenmente decidimos deambular por Colombia o salir de ella. Todos tenemos motivos distintos, y no necesariamente buscando “el sueño americano”, en el caso de los que vivimos en E.U. Para aquellos que se lo preguntan, tal “sueño” es una de las grandes falacias propagandísticas del gobierno estadounidense para atraer mano de obra que ellos fácilmente puedan explotar, y que se les está saliendo de las manos. Como le pasó al Dr. Frankenstein, su creación se está volviendo en su contra.

Muchos de esta generación, estamos dejando en alto el nombre de Colombia y el Chocó, siendo orgullosos y dignos representantes de nuestra etnia, destacándonos en distintos campos, y con sueños de poder ayudar al Chocó desde dentro o desde afuera. Nosotros, más que nadie, estamos conscientes del potencial de los chocoanos para destacarse donde quiera que vayan, en el campo que elijan, y el esfuerzo de participar en esta gaceta nos es más que el intento de hacer un aporte a la concientización de los chocoanos (y otros afrodescendientes colombianos), para que luchemos por mejorar la calidad de vida en el Chocó y salir adelante, mostrándole a Colombia lo valiosos que somos, y sin los complejos que a veces nos frenan.

Estamos de acuerdo en que aquellos que vivimos por fuera no estamos tan al tanto del vivir día a día de quienes viven en el Chocó. Pero cuando hacemos cosas por el departamento, así estemos en tierra extranjera, lo hacemos con cariño, con orgullo y con ánimo costructivista. Lo hacemos para sacar el Chocó adelante, porque nunca vamos a negarlo, y sabemos que hay con quién solucionar los aspectos negativos y mejorar la calidad de vida del departamento.

Ojalá que en el futuro podamos también hacer algunos esfuerzos in situ, pero no por estar por fuera nos vamos a cruzar de brazos. Esfuerzos como esta gaceta van a crecer y llegarán a beneficiar a los chocoanos más allá de los esfuerzos de concientización y difusión de información. Somos la diáspora y amamos al Chocó, con sus raíces indígenas y afro. Seguiremos con todas las iniciativas Barûle para aportar, proponer, y cuando sea necesario, criticar; pero siempre con el Chocó en mente, alma y corazón.

Gracias por leernos y por opinar. Recuerden que nunca queda descartado que puedan colaborar con la gaceta, para contribuir al esfuerzo. Entre más barûleños nos involucremos más fuertes seremos. ¿Qué pasa chocoano? ¿¡Te nos unes…!?

Ann Arbor, Michigan, E.U. 1º de junio de 2008
Para Barûle Gazette

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Somos Pacífico

18 de mayo de 2008

Hace no mucho SM Giunëur Bomani Mosi me pidió escribir una columna para Barûle Gazette y no sabía cómo comenzar pues nunca había decidido plasmar en papel (o en archivo electrónico) mis pensamientos acerca de la Madre Tierra. Pero creo que el momento ha llegado y quiero agradecer a Giuneür el haberme dado la excusa para hacerlo. Y decidí comenzar por algo que me ha dado vueltas en la cabeza, y es la identidad de los habitantes del Pacífico y sus hijos.

Aunque soy nacido y criado en Bogotá, el origen de mi padre, nacido en Lloró, justo en ese rinconcito hermoso donde el Andágueda se une al Atrato, me ha llenado de orgullo. Tanto es así, que con todo y mi acento rolo me siento muy chocoano. También le profeso afecto al Quindío, tierra de mi madre, pero ante todo me siento chocoano. Y como chocoano de alma y corazón he pensado mucho en el significado de esta identidad, y aquí en las páginas de Barûle, quiero compartir esas reflexiones.

Para mí, hay tres conceptos de Chocó: Uno, el departamento. Esa división política al noroccidente de Colombia que en 1906 desprendieron del entonces departamento del Cauca. Dos, el Chocó Biogeográfico, una región de excepcional riqueza hidrográfica y de biodiversidad que se extiende desde el oriente de Panamá y el Golfo de Urabá hasta el norte de la costa Peruana sobre el océano Pacífico. Y tres, el Reino de Barûle, concepto que debemos a Giunëur Bomani Mosi. Los tres están íntimamente relacionados, pero hay diferencias. Y como idealista y soñador que soy, me gustaría ver una amalgama de todas ellas.

Siempre que voy al Chocó me siento como en África. El aspecto de su gente, de sus calles, de sus bosques, la expresividad de los chocoanos, su cocina, su música… He visitado comunidades negras en E.U. y ninguna parece africana a pesar del color de piel de sus gentes. Mientras, en un festival de comida africana un chocoano se sentiría comiendo en la casa (al menos así me sentí yo). En el Chocó se respira Mamá África en cada esquina. Pero no sólo allí. La costa de los departamentos de Valle del Cauca, Cauca y Nariño es una extensión del Chocó, y allí no para la cosa. La costa ecuatoriana y el norte de la costa peruana parecen calcadas de nuestro Chocó querido. ¿Porqué nos tienen divididos?

Hay razones históricas, políticas y económicas. Para no entrar en detalles podemos decir que la razón principal es la necesidad que tienen los interioranos de acceder al mar por razones comerciales. Incluso Antioquia desde hace mucho ha tenido ganas de anexar al Chocó por esa misma razón, y muchas veces tratan al Chocó como su patio trasero. Alguna vez en una conferencia científica a la que asistí un paisa se refirió a los chocoanos como “nuestros hermanitos menores”, y no de la forma respetuosa en que los Kogis y los Arhuacos se refieren a los occidentales. Esa unidad cultural a la que Choc Quib Town se refiere en su canción “Somos Pacífico” ha sido fragmentada por intereses regionales del interior, y también por la separación del Ecuador de la Gran Colombia en el siglo XIX.

Yo quisiera proponer una ampliación del Reino de Barûle para lograr una reunificación geográfico-cultural que fusione el concepto de Chocó Biogeográfico y lo expresado en “Somos Pacífico” de Choc Quib Town, incluyendo en esa Nación Pacífico a los hermanos afro del Ecuador y Perú. En esa unidad, llámese Reino de Gran Barûle, República de Barûle, o República del Pacífico, existiría una coherencia étnica y cultural, espiritual y geográfica, que ayudaría a acabar con los sinsentidos de hoy en día. Nos daría un sentido de pertenencia y un motivo de orgullo que nos empujaría a luchar como nación y salir adelante sin los complejos que todavía llevamos como lastre. Sería un incentivo para acabar con la corrupción de las clases políticas actuales y aprovechar el inmenso talento que se encuentra entre los Barûleños (se me ocurre que seríamos potencia futbolísitca en cuestión de pocos años).

De esa Nación Pacífico o Gran Barûle, han salido personas que han sido clave para la historia, la culinaria, la música y el deporte de Colombia, Ecuador y Perú. Perfectamente podríamos salir adelante como un sólo país, aprovechando los recursos naturales y humanos que tenemos. Podríamos ser ejemplo de desarrollo sostenible, impulsando el turismo ecológico y la investigación científica (el Chocó biogeográfico tiene una importancia inmensa en las ciencias biológicas, y podríamos mejorar el modelo desarrollado por Costa Rica). Como potencia hídrica podríamos exportar energía a los países vecinos y podríamos ser pioneros en la producción de biocombustibles utilizando cultivos de micro-algas que podrían establecerse en la costa sur de la República, en la actual frontera peruano-ecuatoriana (las microalgas son mucho más eficientes que cualquier cultivo agrícola y requieren relativamente poco espacio para su producción). Podríamos ser potencia en el desarrollo de tecnologías ambientalistas en diseño y construcción de edificaciones (en pueblos y ciudades). Así incluso los Barûleños más pobres tendrían acceso a viviendas dignas que formen parte del paisaje en lugar de destruirlo, con sistemas adecuados de surtido de agua, desagüe y purificación de desechos. El lema del desarrollo sería eficiencia y preservación del medio ambiente. Seríamos albaceas dignos de las riquezas naturales del país e incluiríamos la filosofía y la visión de nuestros primos indígenas (emberás, kunas, waunanas…), quienes por supuesto serían parte integral de la nación.

Soy idealista y soñador, y estas características vienen principalmente de mi lado chocoano. Soñar con la República del Pacífico o del Gran Barûle y su desarrollo es el primer paso para dejar la miseria atrás y abrazarnos con nuestros hermanos formando un solo pueblo. Un pueblo africano e indígena. Un verdadero pueblo AfroAmericano.

Ann Arbor, Michigan, E.U., 18 de mayo de 2008.
Para Barûle Gazette

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miércoles, 29 de octubre de 2008

BARACK OBAMA - Lo que el hemisferio necesita

Normalmente no me preocupo mucho por las elecciones en E.U. Aunque hice fuerza por Gore en 2000 y por Kerry en 2004, relamente siempre he visto al presidente de E.U. como el opresor. Malo si es demócrata, peor si es republicano, pero siempre malo. Ellos son los que ven a Latinoamérica como "el patio trasero" de E.U. Son los que se encargan de mandar a paseo los intereses de nuestros países en vías de desarrollo para mantener y fortalecer los intereses de su sociedad hiper-consumista con su modelo económico salvaje: el rico haciéndose más rico a costa del pobre, que cada día es más pobre, no importa el país en el que el pobre sea explotado. Pero esta vez la cosa es distinta. Barack Obama la ha hecho distinta y me da esperanza.

Obama ha dirigido su campaña de manera que la gente tenga una esperanza para el cambio. Y no es por el color de su piel, aunque este es como un indicador del cambio que puede traer. Lo que él proclama, por lo que lucha, lo que nos hace soñar... Todo viene de adentro; de su mente; de su corazón. Su piel sólo enfatiza el hecho de que si él llega a ser presidente de la potencia las cosas no van a ser como antes.

Este es un video que me hace sentir un resumen de lo que he sentido desde que comencé a pararle bolas cuando se lanzó al senado de E.U. por Illinois, y especialmente ahora que es candidato presidencial, y muy opcionado. Vale la pena verlo. Es en inglés; aquellos que hablan sólo un poco hagan un esfuercito; para los que no lo hablan, consíganse a alguien que les haga traducción simultánea.

Por primera vez siento el deseo de poder votar en una elección estadoundense. Porque creo que si Obama es elegido, el beneficio va a ser para muchos. Sí, E.U. no dejará de ser opresor porque tenga a Barack como presidente. Pero dadas las circunstancias tenerlo en esa posición es lo mejor (o lo menos malo, dependiendo del punto de vista) que nos puede pasar.

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viernes, 11 de julio de 2008

El rescate de 15 de los secuestrados por las FARC a través de los ojos de Carlos Vidales

Un intelectual colombiano radicado en Suecia, Carlos Vidales, escribió una pequeña reflexión acerca del espectacular rescate de 15 rehenes de las FARC el pasado 2 de julio. Es un escrito breve, elocuente y esperanzador.

Como no he tenido tiempo de escribir mis impresiones acerca del histórico rescate, que no merece más que elogios al ejército colombiano, quiero compartir el escrito del Dr. Vidales. En algunos días vendrán mis propias impresiones.


RESCATE HISTÓRICO
Por Carlos Vidales
Estocomo, Suecia, 2 de julio de 2008

Esta mañana, miércoles 2 de julio de 2008, fuerzas de élite del ejército colombiano lograron rescatar con éxito, y sin derramamiento de sangre, a quince rehenes que se encontraban en poder de las guerrillas de las FARC. Entre los rescatados se encuentran la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y tres ciudadanos norteamericanos.

El operativo puede calificarse de histórico por varias razones. En primer lugar, fue una operación sin muertos ni heridos, completamente incruenta, lo que debe causar sin duda alegría a cualquier persona que abrigue sentimientos humanistas. En segundo lugar, fue una operación de inteligencia e infiltración de las fuerzas militares colombianas en un grupo muy cercano a la más alta dirección de las FARC, lo que indica, por decir lo menos, que esta organización está sufriendo graves debilidades y fisuras en sus mecanismos de seguridad. En tercer lugar, por primera vez desde que tenemos memoria, el lenguaje de los altos jerarcas del gobierno colombiano está marcado por acentos serenos, tranquilos, exentos de alardes de arrogancia y de aspavientos bélicos y triunfalistas. Si esto último contribuye a generar un verdadero clima de negociación humanitaria, en un país crispado por los odios y las amenazas de exterminio, será el más grande y el más importante paso hacia la búsqueda de soluciones negociadas en este largo y sangriento conflicto.

Quince seres humanos, cautivos en condiciones inhumanas durante años, han recuperado su derecho inalienable a la libertad, de la que jamás debieron ser despojados, y mucho menos en nombre o bajo la invocación de "principios revolucionarios". La violación de los derechos humanos no es nunca revolucionaria. Mantener prisioneros encadenados no será jamás revolucionario. Capturar civiles y declararlos "prisioneros de guerra" es un método nazi-fascista, nunca revolucionario. Quienes invocan la causa de la revolución social para cometer estos crímenes de lesa humanidad, prostituyen la idea de la revolución social, degradan los mismos principios que alegan defender y se descalifican automáticamente como combatientes y constructores del porvenir.

Por esto me parece que este día es histórico. El rescate de los quince rehenes debe ser el punto de partida de un franco, sincero y crudo debate sobre los métodos de una organización guerrillera que un día encarnó esperanzas y aspiraciones populares, y que hoy solamente encarna arrogancia, desprecio por el pueblo, falta de humanismo y de generosidad, en fin, las mismas lacras que ostentan sus peores adversarios, paramilitares, genocidas, políticos corruptos y traficantes de carne humana.


Carlos Vidales es profesor jubilado de la Universidad de Estocolmo (Suecia) y escribe para La Comunidad (de 'bloggers') de ElPaís.com de España (http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/vidales). Es hijo del poeta Luis Vidales (q.e.p.d.) y mantiene un blog en su honor (http://luisvidales.blogspot.com/).

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miércoles, 4 de junio de 2008

Bogotá x Bogotá: Fotografía no tomada

A finales de 2006 el Fondo de Promoción de la Cultura de la Alcaldía Mayor de Bogotá lanzó una iniciativa llamada "Bogotá por Bogotá: Una convocatoria para escritores y no escritores" (ver anexo al final de la nota). La idea era recoger relatos cortos escritos por personas que hubiesen vivido en Bogotá para publicarlos en un libro que inicialmente sería lanzado en agosto de 2007, aunque se aplazó hasta mayo de 2008.

Yo escribí dos relatos, uno de los cuales fue seleccionado para publicación. Aprovechando que el libro ya se lanzó, quiero publicar en este blog los dos relatos que escribí, ambos refiriéndose a mis vivencias en Bogotá. Aquí va el que fue seleccionado para publicación. En realidad este relato no es muy bueno. Creo que lo seleccionaron más por la vivencia en sí que por su calidad literaria. Además, el límite de 600 palabras no deja mucha libertad de expresión... Pero no me puedo quejar. Al menos el cuentico quedó en papel para la historia...

El relato no seleccionado lo publiqué en una entrada separada.


FOTOGRAFÍA NO TOMADA

Desde que tuve la libertad de explorar Bogotá, he estado enamorado de ella. No tardé en quedar completamente infatuado por sus misterios y bellezas, no sin el juicio para comprender que su lado oscuro es poderoso y está siempre presente. Pero nunca se entiende el poder de ese lado oscuro hasta que se está cara a cara con la muerte. Y esto ocurrió cuando quise terminar una práctica para el curso de fotografía que tomaba en la Alianza Colombo-Francesa.

Un buen día del 2000 le pedí a mi compañera de oficina que me permitiera tomar unos primeros planos de su rostro en contraste con una corteza de árbol. Caminamos desde nuestra oficina en Chapinero hasta un parquecito sin nombre en la carrera 4ª con calle 50 y tantas. Al llegar notamos que un indigente dormía en el suelo pero seguimos de largo sin preocuparnos (una de las desafortunadas escenas cotidianas de mi amada ciudad). Foto tras foto, me olvidé de mi entorno. Sólo pensaba en la composición de cada cuadro, la luz, textura, dinámica…. A lo lejos alguien gritó que no tomara la foto y pensé en el indigente. Estaba a punto de obturar y sólo veía el rostro de mi amiga que fingía dormir contra el árbol. Como el pobre hombre había quedado detrás nuestro cuando pasamos a su lado no pensé más en ello y tomé la foto. Bajé la cámara vi que en realidad él caminaba rumbo a la séptima y estaba justo detrás de mi amiga cuando oprimí el obturador.

Tiempo antes había aprendido que los indigentes evitan las cámaras a toda costa y por eso jamás pensé en retratarlo. Seguro de que había tomado su foto, el hombre caminó con determinación hacia mí, y yo suspiré con resignación pensando en apaciguarlo y mostrando tranquilidad. Otra de las lecciones que aprendí en las calles es que no se debe mostrar ni miedo ni arrogancia, anzuelos para los malandrines que todo lo ven y todo lo perciben. Pero olvidé esa lección rápidamente en cuanto noté el cuchillo en su mano derecha. Asustado, le aseguré de mil veces que sólo tomaba una foto de mi amiga, mientras él me reclamó también mil veces, el haberlo retratado. Nervioso, al final del cruce de palabras lancé un insulto cuando él ya guardaba silencio. Y el silencio se prolongó…

Movió su brazo y reaccioné empujándolo, a tiempo para evitar su arremetida con el cuchillo. Se enojó aún más y abanicó el cuchillo varias veces sin alcanzarme. Sólo su expresión enardecida, su cicatriz entre el labio y la nariz, y su arma existían para mí. Como ya estaba fuera de su alcance decidí huir, pero los primeros pasos los di de espaldas, sin perderlo de vista. Cuando giré para correr, choqué con un árbol y caí. Giré para quedar boca arriba justo cuando el indigente se abalanzaba sobre mí, y sin tiempo para levantarme decidí patearlo donde más le doliera. Tenía tanta ropa encima que parecía inmune a mis golpes, pero lo mantuve a raya. Tras varios intentos de atacarme el hombre se detuvo. Recobré conciencia de mi entorno y vi que mi amiga estaba paralizada y la gente se estaba reuniendo a mirar. Mi amiga reaccionó y recogió mi cámara del suelo, mientras el indigente se alejaba lentamente insultándome y jurando que me daría muerte. Nunca lo vi de nuevo.

Ser testigo y ser protagonista de eventos como estos son cosas totalmente distintas. El lado oscuro de la ciudad intentó robarme la vida… Pero estoy contando el cuento, y después de ese momento, aún hoy, estoy perdidamente enamorado de Bogotá.

ANEXO

Bogotá por Bogotá
Una convocatoria para escritores y no escritores


El Fondo de Promoción de la Cultura invita a los habitantes de Bogotá de todas las localidades a participar en la convocatoria permanente Bogotá por Bogotá.

La escritura es vital: Algo tenemos en común: somos protagonistas o personajes de alguna historia en Bogotá. Lo invitamos a que escriba un relato que lo haya marcado y que tenga como escenario esta ciudad. Comparta esa anécdota que siempre está contando o esa experiencia que usted cree merece ser contada. Escriba ese testimonio del que sólo usted es testigo.

“La verdad y solamente la verdad”: Buscamos relatos verdaderos y espontáneos: se trata de un ejercicio más allá de la ficción. Escritos que relaten una experiencia vivida en la ciudad, una anécdota, un suceso de la vida cotidiana o un acontecimiento sorprendente. El relato debe ser breve (máximo 600 palabras)

Ver comentarios en Makondo libros, de Makondo Universal:

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Bogotá x Bogotá: Caminando Bogotá

A finales de 2006 el Fondo de Promoción de la Cultura de la Alcaldía Mayor de Bogotá lanzó una iniciativa llamada "Bogotá por Bogotá: Una convocatoria para escritores y no escritores" (ver anexo al final de la nota). La idea era recoger relatos cortos escritos por personas que hubiesen vivido en Bogotá para publicarlos en un libro que inicialmente sería lanzado en agosto de 2007, aunque se aplazó hasta mayo de 2008.

Yo escribí dos relatos, uno de los cuales fue seleccionado para publicación. Aprovechando que el libro ya se lanzó, quiero publicar en este blog los dos relatos que escribí, ambos refiriéndose a mis vivencias en Bogotá. Aquí va el que no fue seleccionado para publicación. El relato seleccionado lo publicaré en una entrada separada.

CAMINANDO BOGOTÁ

Nada como un día despejado en Bogotá para disfrutar del gran placer de una caminata por La Candelaria y sus alrededores. En una de esas caminatas se puede descubrir el alma de la ciudad; esa que ninguna guía turística nos dice dónde encontrar, pero que está allí, latente, viva, esperando por nosotros para encontrarla, sentirla y acompañarla.

Llego al Chorro de Quevedo y veo los artesanos vendiendo chucherías, regateando con estudiantes que en los huecos o capando clase demuestran su dominio del fuchi. Pero los hombres de verde se asoman y los ágiles artesanos emprenden la fuga. Entonces elijo un café al azar y me tomo un canelazo mientras escucho Gotan Project, Joe Arroyo o Louis Armstrong. Al salir me encuentro con Manú Chao preparando la filmación de un video y más allá un evangélico predicándole a los católicos. Sonrío y sigo mi rumbo.

Me encamino al occidente, cuesta abajo. Tomo la Jiménez con su paseo ambiental a bordo. Un caballo lánguido hala una zorra cargada de chatarra. Más adelante me cruzo con unos metaleros que van camino a la 19 en busca de un clásico de Slayer o La Pestilencia, o lo último de Tool. Paso por librerías que exhiben lo mejor del boom latinoamericano de los 60, la biografía del Che y el autor de turno en superación personal. Otras vitrinas exhiben la más popular gallina criolla asada, con ese cuero amarillo y grasoso que a tantos gusta. Paso de largo por la city-cápsula de CityTV en la esquina de El Tiempo. Cruzando la séptima están los esmeralderos negociando. ¡Que nadie se agache cuando una piedra caiga al piso!

Es la hora de las onces. Miro hacia el sur y me tienta un chocolate “completo” en La Puerta Falsa, al lado de La Catedral Primada, pero me decido por un café “completo” en Salerno y giro hacia el norte. El septimazo no puede faltar. Hay muchos vendedores-voceadores. Que el código penal, que la última de Gabo, que la corbata ejecutiva, que el reloj fino (robado), que el manos–libres, que los minutos para el celular, que todo a mil, todo a mil, que monas para el álbum del Mundial, que chicas, chicas, siga caballero, que mono una monedita, que si no se le tiene se le consigue…

Cruzo la 19 y me tomo las onces en Salerno. Pienso en ver una película en algún cine-club, pero no siempre el cielo está despejado y para disfrutarlo prefiero seguir caminando. Subo por Terraza Pasteur y veo cómo han cambiado los locales del área desde cuando tomaba cerveza con mis amigos en mis días de universitario. Tomo la quinta hacia el sur, y por la 24 subo a la tercera, para saludar de nuevo los cerros. Continúo unas cuadras más hacia el sur y llego de nuevo a la 19. Allí me detengo y miro a mi alrededor.

Si me pidieran que señalara el corazón de Bogotá, diría que es allí mismo, en la esquina de la tercera con 19, específicamente un día entre semana al atardecer. Oficinistas, estudiantes, vendedores ambulantes, comerciantes, mendigos, y una miríada de conductores de busetas, taxis, ejecutivos, super ejecutivos y colectivos. Gente de muchos acentos, de todas las edades, con expresiones de alegría, tristeza, esperanza y desesperanza. La gente que hace mover la ciudad. Y estoy parado allí, sonriendo, mientras el cielo azul se torna púrpura y da paso a la noche, con las manos en los bolsillos de mi chaqueta para protegerlas del frío.

Ese frío que da por la brisa que baja de los cerros para recordarme todo lo bogotano que soy.


ANEXO

Bogotá por Bogotá
Una convocatoria para escritores y no escritores


El Fondo de Promoción de la Cultura invita a los habitantes de Bogotá de todas las localidades a participar en la convocatoria permanente Bogotá por Bogotá.

La escritura es vital: Algo tenemos en común: somos protagonistas o personajes de alguna historia en Bogotá. Lo invitamos a que escriba un relato que lo haya marcado y que tenga como escenario esta ciudad. Comparta esa anécdota que siempre está contando o esa experiencia que usted cree merece ser contada. Escriba ese testimonio del que sólo usted es testigo.

“La verdad y solamente la verdad”: Buscamos relatos verdaderos y espontáneos: se trata de un ejercicio más allá de la ficción. Escritos que relaten una experiencia vivida en la ciudad, una anécdota, un suceso de la vida cotidiana o un acontecimiento sorprendente. El relato debe ser breve (máximo 600 palabras)

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