Con el paso de los años ha sido inevitable para mí tomar una posición política y acoger una ideología, lo cual he hecho de manera muy personal. Al mismo tiempo me he interesado cada vez más y más en el conflicto interno de Colombia, que ahora también tiene claras ramificaciones externas, aunque éstas han existido desde hace mucho tiempo de manera menos obvia.
La ideología que he acogido es de corte centro-izquierdista, y si debo ser más específico se ajusta a los preceptos de la ‘socialdemocracia’ (o ‘democracia social’ que debería ser la traducción de ‘social democracy’). El hecho de haber tomado esta posición, contraria a la de la mayoría de colombianos de hoy, que con el auge del uribismo se han inclinado hacia la derecha, más bien lejos del centro, y el hecho de que vivo fuera del país desde hace casi ocho años, han creado una serie de situaciones que no esperaba encontrar cuando no tenía una posición política clara, ni cuando decidí cursar estudios de doctorado en el exterior. Estas situaciones, que me impulsan a escribir la nota de hoy, tienen que ver con mi patriotismo y el exilio en el que vivo.
Cuando salí del país, en el 2000, lo hice por el sueño que había tenido, desde antes de comenzar mis estudios de Biología Marina, de hacer un doctorado en el exterior. Corrían los últimos años de la década de los 80 cuando me propuse este objetivo, y las circunstancias para cumplirlo se dieron después de haberme graduado y haber trabajado algún tiempo en Colombia. Por coincidencia, cuando recibí la carta de aceptación de una universidad en E.U. la situación política del país estaba en uno de sus peores momentos, las FARC se habían fortalecido inmensamente gracias al narcotráfico y a la debilidad del gobierno de Andrés Pastrana, y el pueblo colombiano sentía en el alma esta ausencia de Estado. El ánimo en general era pesimista, y aparte del trágico desplazamiento interno del país, también había muchísima gente saliendo del país en un éxodo que algunos han estimado en 2 millones de colombianos.
Muchos creyeron que me iba del país por ese ambiente de zozobra. Que estaba escapando del “barco que se estaba hundiendo”. Una amiga me preguntó con tono de incredulidad y reproche “ay, Alonso… te vas a buscar el ‘American dream’?”. Yo le respondí que no, que iba tras el “academic dream”, que era muy distinto. Esto fue en una época en la que los programas de postgrado en ciencias naturales en Colombia eran apenas incipientes. Hubo muchos que calificaban a los que salíamos del país, por la razón que fuera, como traidores o cobardes. Hubo incluso vallas publicitarias con el famoso dicho popular “no se vaya que esto se compone”. Aunque nadie me tildó personalmente de traidor, yo caía por defecto en ese grupo.
Nadie me lo dijo entonces, pero ahora hay algunos que me lo insinúan, especialmente al saber que no soy uribista. Colombia ha caído en el juego polarizador de Álvaro Uribe, quien siguiendo los pasos de Bush hijo, ha logrado convencer a muchos de que el que no está con él está en contra y eso equivale a ser apátrida. Nada más alejado de la realidad, claro, pero la frustración de haber vivido por años en un país sitiado por la guerrilla y la emoción de tener una esperanza de que esto termine, ciega a los uribistas. Están ebrios de esperanza y Uribe los mantiene chapeticos.
Mi primer pecado: No ser uribista. Segundo pecado: haberme ido del país. Ya en este momento las razones por las que me fui no importan, y muchos han insinuado que no soy capaz de ver la situación objetivamente porque “veo los toros desde la barrera” y, aún peor, porque vivo en un país desarrollado (aunque si se presta atención E.U. tiene mucho de tercermundista). Pero voy a hacer una lista de las razones concretas por las que lo que pasa en Colombia me afecta tanto como a cualquiera. Una vez hecha la lista espero se entienda que mi posición política no ha sido sesgada por la lejanía geográfica del país.
Ni mi familia ni mis amigos más cercanos ni yo hemos sido secuestrados ni hemos tenido seres queridos asesinados por grupos irregulares. Pero sí hemos sido afectados de maneras relativamente directas por el conflicto. Por ejemplo:
Aparte de razones ideológicas y éticas, estos eventos concretos deberían explicar porqué el conflicto colombiano es para mí algo vívido y cercano a pesar de la lejanía geográfica. De no ser así no me habría sentado a llorar (literalmente) hace casi un año cuando leí en los periódicos los informes de los 10 000 desaparecidos por las AUC, y las confesiones de paramilitares que explicaban cómo torturaban y ejecutaban salvajemente a sus víctimas. Personas que conozco ni se inmutaron diciendo “es el precio por acabar con la guerrilla”. A mi parecer es un precio que no debió haberse pagado.
Sí, estoy en el exilio, pero por razones académicas y profesionales; no políticas ni de seguridad. Es más: estar en el exilio me ha servido para encontrar mi colombianidad, algo que me fue difícil encontrar estando en Colombia, porque no tenía puntos de comparación y contraste. Mi única patria es Colombia. Y a esa patria la amo con toda mi alma, lo que por definición es ser patriota (ver apéndice), y no tiene nada qué ver con tener una ideología diferente a la de la mayoría de colombianos. No soy uribista, no por despiste ni desinformación, ni mucho menos por ser guerrillero o terrorista (rótulos que nos cuelgan a los que no apoyamos a Uribe), sino por convicción.
Parte de ser patriota significa hacer lo posible por llevar al país por la ruta que considero correcta y de mayor beneficio para todos. Y por eso creo que la socialdemocracia puede ser la respuesta en Colombia. No tengo mucho poder de acción por mi profesión y lugar de residencia, pero al menos puedo opinar y escribir para hacer que la gente piense y se cuestione, y ejerceré mi derecho al voto cada vez que pueda. A ver si así puedo aportar un poquito para que tengamos una Colombia en paz, donde las mayorías tengan un nivel de vida decente. Voy a seguir pensando así aunque siga en el exilio, y en cuanto a los toros… estoy ahí en el ruedo con ellos. Nunca me voy a pasar al otro lado de la barrera, ¡porque siempre seré orgullosamente colombiano!
Apéndice
Definiciones de patria, patriotismo y exilio según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua:
Patria: Lugar, ciudad o país en que se ha nacido. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.
Patriotismo: Amor a la patria.
Exilio: Separación de una persona de la tierra en que vive
viernes, 11 de abril de 2008
Exilio y patriotismo
viernes, 4 de abril de 2008
El núcleo antidemocrático de América Latina (Hugo Chávez NO es izquierdista)
Acabo de leer un artículo muy interesante del Profesor Fernando Mires, economista y sociólogo chileno vinculado al Instituto de Ciencias de la Universidad de Oldenburg de Alemania. Fue publicado en la página electrónica Vcrisis (http://www.vcrisis.com) en febrero de 2006.
El Dr. Mires hace un análsis estupendo del fenómeno que representa Hugo Chávez en Suramérica, y las claras diferencias entre lo que dice y lo que hace, además de lo que seguramente es su verdadera motivación para actuar como actúa. Entre otras conclusiones está el hecho de que ni Chávez ni el chavismo son de izquierda, y que su accionar es más típico de movimientos derechistas totalitarios que de sistemas verdaderamente socialistas. Algo triste si se tiene en cuenta que las acciones de Chávez le han dado una pésima reputación a la izquierda en Colombia, donde las FARC ya habían hecho un daño inmenso.
También vale la pena leer su artículo de marzo del 2008 acerca de la crisis del norte andino: Lecciones de una guerra que no fue (Cuatro tesis), publicado en Analítica.com
Doy paso al artículo del Dr. Fernando Mires.
HUGO CHÁVEZ Y EL NÚCLEO ANTIDEMOCRÁTICO DE AMÉRICA LATINA
Por Fernando Mires
Publicado en Vcrisis.com el 20 de febrero de 2006
(http://www.vcrisis.com/index.php?content=esp/200602201558)
En América Latina, lamentablemente, algunos intelectuales todavía no saben distinguir (como ya ocurrió con los intelectuales europeos de los años treinta) entre lo que un gobernante dice que es y lo que es. Ahora bien, en pocos gobernantes se da una diferencia tan grande entre lo que dice que es y lo que objetivamente es, como en el caso del Presidente Chávez de Venezuela.
Así como el Cono Sur se ha constituido un núcleo democrático con hegemonía de izquierda, Chávez y el chavismo, más sus ramificaciones hacia Perú, Bolivia y Colombia (FARC), constituyen una suerte de núcleo antidemocrático que peligrosamente se extiende hacia otras naciones. De ahí que sea muy importante definir el carácter político de Chávez y el chavismo. Para prec isar ese carácter hay que definir primero lo que Chávez y el chavismo no son.
Chávez y el chavismo -y esto hay que decirlo muy claro- no son de izquierda.
No se trata por cierto de dictaminar subjetivamente quien es de izquierda o quien no lo es. Sin embargo, cualquier observador que sepa algo de Venezuela, no tardará en advertir que dentro de la oposición a Chávez se encuentran muchísimos intelectuales que en cualquier país "normal" (pienso, por ejemplo, en mi propio país, Chile) serían miembros de la izquierda, o de la centro-izquierda. Tanto por su sensibilidad, cultura y tradición, un Teodoro Petkoff, un Armando Córdoba, un Manuel Caballero, un Heinz Sonntag,un Demetrio Boersner, un Roberto Briceño-León, por nombrar al vuelo sólo a algunos intelectuales venezolanos de renombre internacional, son gente de izquierda que, sin embargo, no pueden practicar una política de izquierda, porque el gobernante y sus seguidores han superpuesto sobre la clásica división izquierda derecha, la división entre "chavismo" y "antichavismo".
A la vez, y en sentido contrario, basta encender la televisión y escuchar a muchos chavistas y al propio Chávez, para darse cuenta de que muchas de las opiniones que emiten no han de envidiar a las derechas más extremas de todo el mundo (nacionalismo, antioccidentalismo revestido de antiimperialismo, y una infinita agresividad verbal, donde por cierto, no faltan las "típicas" alusiones antisemitas)
Chávez
Chávez es un gobernante que insulta a casi todo el mundo. Ni siquiera los obispos y cardenales de la Iglesia católica escapan a su desmedida procacidad. A diferencias de Castro, quien posee un excelente uso del idioma, Chávez tiene serias dificultades para articular una frase con otra, y por eso, podría pensarse, suplanta la retórica con el insulto. Sin embargo, hay en su enorme capacidad de injuria, un propósit o que obedece -conciente o inconcientemente- a un cálculo muy frío.
Los de Chávez son insultos cuidadosamente programados destinados a crear una zona de hipertensión emocional e impedir así que la política se articule en torno a algo que no sea él mismo. De este modo, él neurotiza la vida política hasta tal punto, que resulta imposible, en medio de tanta injuria - las que sus seguidores de "camisas rojas", multiplican- que los polos que se forman alrededor de su persona puedan encontrar algún medio civilizado de comunicación.
Efectivamente: lo primero que sorprende a un visitante en Venezuela, es que después de siete años de gobierno, Chávez ha conseguido partir al país político en dos pedazos. Esos pedazos no son de izquierda o de derecha. Pues a un lado están quienes aman a Chávez. Al otro lado, los que lo odian. Entre ambos no hay ninguna conexión.
Quienes eran amigos, ya no lo son. Quien es se respetaban, se desacreditan mutuamente. Nadie discute con nadie. Chávez ha conseguido destruir la polémica, condición de la política, e introducir en su lugar dos monólogos paralelos. Él mismo monologa sin limitación de tiempo (hasta siete horas) en su programa semanal, mientras las "camisas rojas" aplauden las vulgaridades más grandes que es posible oír de nadie (ni siquiera en Berlusconi, quien en materia de vulgaridades es vicecampeón mundial).
Si alguien ha leído relatos de los primeros años del fascismo en Italia no se sorprenderá si los encuentra de nuevo en Venezuela. La comunicación política ha sido destruida radicalmente, por el propio gobernante. Y la destrucción de la comunicación política es la primera condición para todo proceso de facistización. Eso es lo que está viviendo Venezuela. "Esto va a terminar muy mal", me dicen muchos venezolanos. "Que Dios no los oiga", les digo yo.
Naturalmente, también hay chavistas inteligentes. Pero cada vez que uno habla de Chávez, dicen -como avergonzados- que lo principal no es Chávez, sino el proceso del cual Chávez es sólo un símbolo. "¿Cuándo habían alcanzado los pobres más representación que durante Chávez? En eso hay que fijarse", dicen. "Chávez es secundario", afirman. Pero, ¿es que se puede hablar del proceso sin Chávez? Chávez está en todas partes, nadie realiza una "misión" (palabra militar-clerical) sin su autorización. Nadie tiene ninguna idea que no sea de Chávez. Él, como él mismo se definió, es el coach del equipo. Eso quiere decir que él decide quién jugará o no. "Ah pero Chávez ha llevado a los pobres a la sociedad", dicen los chavistas inteligentes. ¿A cual sociedad? - se pregunta uno, asombrado
No importa que en Chile, Argentina, Brasil, tengan lugar políticas sociales más importantes y sobre todo más racionales que las que han tenido lugar en Venezuela. Lo decisivo es que Chávez, a diferencia de los gobernantes de esos países, no ha integrado a los pobres a la sociedad, sino al Estado. Sin suprimir la pobreza, Chávez la ha estatizado. Las misiones, entre otras tantas iniciativas populistas, son los cordones umbilicales que atan a los pobres con el Estado. Y el Estado es Chávez. Los pobres son de Chávez; por eso deben seguir siendo pobres. Sí hay, por cierto, algunos chavistas inteligentes. Pero no lo son tanto como para reconocer que Chávez no representa un proyecto de sociedad, como ellos imaginan, sino que, antes que nada y sobre todo, es un proyecto de toma de poder.
Las misiones, los círculos bolivarianos, los comandos de "camisas rojas" son medios para tomar el poder desde abajo. La constitución (a quien él en su estilo llama: "la bicha"), el escudo, la bandera, sobre todo Bolívar, todos los poderes simbólicos de una nación, han pasado a ser propiedad de Chávez quien los modifica o interpreta según su antojo. Chávez intenta tomar el poder desde todos lados. Desde abajo, desde el medio, y por supuesto, por arriba cuando haciéndose aclamar en "foros mundiales" despotrica en nombre de la justicia universal, en contra de su ultimo descubrimiento: el "imperialismo norteamericano".
Pero Chávez no es antiimperialista.
Chávez es en primera línea, antidemócrata. Por eso ha insultado, de la manera más soez, a diferentes gobernantes y políticos democráticos de América Latina. Lagos, Fox, Toledo, Uribe, Lourdes Torres, entre tantos, han debido sufrir las injurias de Chávez. Nadie ha insultado en su vida a tantas personas decentes como ha hecho Chávez. No obstante, se equivocan aquellos que piensan que Chávez insulta por insultar. Como ha sido dicho, sus insultos, cuidadosamente calculados, forman parte de su estrategia de poder. Mediante el insulto, destruye las posibilidades del diálogo político, tanto hacia el interior como hacia el exterior del país. Y donde no hay política, comienza el terror. La creciente ocupación de la administración pública por personeros militares, es el ejemplo más visual de la corrosión de la política que tiene lugar en Venezuela. Mientras en el pasado los militares latinoamericanos tomaban el poder de golpe, en Venezuela lo toman en "cámara lenta". El segundo paso, será la militarización de la nación, y es desde ese objetivo que hay que entender los llamados del Presidente a defender al país de una invasión norteamericana.
El objetivo de Chávez es, evidentemente, provocar un clima de alta tensión con los EEUU.
Sus injurias a Bush han ido aumentando en cantidad y en volumen. Exasperado tal vez porque el gobierno de EE UU no pisa (todavía) la trampa, ha agredido en los términos más repugnantes que es posible imaginar, a Condolezza Rice, algo que nunca habría hecho un Fidel Castro (dictador, pero educado).
La verdad es que Venezuela no tiene ningún problema real con los EE UU: ni económico, ni territorial, ni de ninguna índole. A diferencias de Castro quien siempre arremete verbalmente en contra de USA sobre la base de problemas concretos, Chávez arremete gratuitamente, con el objetivo más que evidente, de provocar un conflicto internacional. Ahora bien, en una situación de alta tensión internacional, Chávez intentará dividir al país entre "patriotas antiimperialistas", y "esbirros al servicio del imperialismo". De este modo, estar en contra de Chávez significará "traicionar a la patria". Los ataques a EE UU son, evidentemente, una pieza clave en su proyecto de toma total del poder.
Va ser muy difícil para la oposición democrática de Venezuela terminar con el chavismo.
El régimen no sólo controla el Estado (y el petróleo) sino que se ha infiltrado hacia el interior de la sociedad civil. Los comandos chavistas actúan en las provincias, pueblos y barrios, y la violencia crece "hacia dentro". El chavismo controla, además, los medios de recuento electoral. Y desde el exterior, los Ramonet y los Chomsky (y la izquierda festiva que les sirve de coro) están dispuestos a legitimar cualquiera monstruosidad siempre que sea antinorteamericana.
Es cierto que Chávez llegó al poder como consecuencia d e la corrosión de la democracia venezolana, y esa es la deuda histórica que tienen los dos principales partidos con su nación. Pero siete años ya es suficiente castigo. Es cierto también que en Abril del 2002, una fracción enloquecida de la oposición, siguiendo el juego a Chávez, se embarcó en una aventura golpista. Gracias a esa aventura, realizada a espaldas de la mayoría de la oposición (justo en el momento cuando Chávez estaba políticamente cercado) Chávez obtuvo como regalo una legitimación democrática que, él menos que nadie, puede ostentar.
Pero poco a poco, la oposición ha ido ordenando sus filas.
Chávez intentará destruirla al crear una línea divisoria "o Venezuela o los EEUU". Si la oposición estará en condiciones de imponer la verdadera línea divisoria que atraviesa a Venezuela, que es la de "chavismo o democracia" (o incluso, "fascismo o democracia") es algo que está por verse. Pero si la oposición triunfa -y un día, más temprano que tarde triunfará- puede que ese no sea un triunfo de "la izquierda". En cualquier caso, será un triunfo de la democracia.
Pero, antes que nada, será, un triunfo de la decencia.
El Prof. FERNANDO MIRES, doctor en ciencias económicas y sociales, es chileno y desde hace años es profesor catedrático en el Instituto de Ciencias de la Universidad de Oldenburg, Alemania. En 1991 obtuvo el título Privat Dozent en el área de Política Internacional, el más alto grado académico que conceden las universidades alemanas. Es autor de numerosos ensayos y artículos publicados en revistas especializadas de Europa y de América Latina. Un gran número de libros testifica su vasta obra, tanto en el campo de la sociología como de la politología. Entre estos destacan: El discurso de la miseria (1994) El orden del caos (1995) La revolución que nadie soñó (1997) El malestar de la barbarie (1998) Teoría política del nuevo capitalismo (2000) Civilidad (2001) Teoría de la profesión política. Corruptos, "milicos" y demagogos (2001) Crítica de la razón científica (2002) Introducción a la política (2004).
martes, 1 de abril de 2008
Descifrando los códigos de la crisis del norte andino
Columna en el periódico El Tiempo. Un análisis interesante de Francisco Nieto-Guerrero acerca del lío entre Uribe, Chávez y Correa (Uricharrea). Ver columna
domingo, 30 de marzo de 2008
América Latina es un Macondo (de lo más tropical que hay)
Caricatura por Vladdo en la revista Semana (archivo de caricaturas 1353),edición del 7 al 12 de abril de 2008
(Nota Publicada originalmente el 14 de marzo de 2008 en mi perfil de Facebook)
Cuando me fui a vivir a Santa Marta y Cartagena comencé a darme cuenta de que el Macondo del buen Gabo era claramente inspirado en la costa norte de Colombia. Entendí que 'realismo mágico' significaba plasmar la realidad de una región en una prosa que raya en la poesía. Después comencé a pararle más bolas a los asuntos internacionales, comencé a viajar por otros países y a conocer gente de toda Latinoamérica. Concluí entonces que si bien Macondo está en Colombia también es un retrato que puede aplicarse a toda América Latina. Eso se reflejó durante el hervidero de la crisis grancolombiana y se sigue reflejando a la postre...
Cuando me enteré de la muerte de 'Raúl Reyes' me alegré, luego me preocupé por las consecuencias, y luego me dio tristeza que un país entero (incluyéndome) se regocije por la muerte de alguien. Claro que fue alguien que le ha hecho tanto daño al pueblo colombiano que entiendo el alivio que se siente cuando se sabe que ya no va cometer más crímenes. Pero el dilema moral sigue ahí, latente... También había entendido, inicialmente, que las autoridades ecuatorianas sabían del operativo y después resulta que no, que en realidad Colombia violó la soberanía ecuatoriana. Esto le dió un sabor más agrio a la ya de por sí amarga victoria de las Fuerzas Armadas (legítimas) de Colombia.
Y ahí comenzó a hervir Macondo... Que violación de la soberanía, que fue en legítima defensa, que Correa sí sabía, no, que no podía saber, que no se le ocurra presidente Uribe hacer eso en Venezuela, que manden tropas a la frontera, que cierren las embajadas, que el computador de 'Reyes' tiene evidencias... en fin, todo el melodrama que nos tuvo estresados y al borde de la guerra durante una semana. Todos parecían tener algún argumento válido: Colombia sí violó la soberanía ecuatoriana. Ecuador sí alberga campamentos de las FARC. Chávez sí se metió donde nadie lo había llamado, y tiene nexos sospechosos con las FARC. Está en veremos lo de las pruebas de las conexiones del secretariado con Correa y Chávez, cosa que parece ser cierta. Por otro lado, y al interior de Colombia, recordemos que también está en veremos lo de las pruebas de la conexión de Uribe con las AUC, el otro actor armado ilegal en el macabro conflicto que asola al pobre país.
La forma en que se solucionó el conflicto internacional fue la continuación de la crónica macondiana: En la mañana sólo se oían insultos en la reunión del Grupo de Río, y en la tarde todo eran abrazos y estrechadas de manos. ¿Y en qué quedaron las tropas en las fronteras y los archivos del portátil de 'Reyes? Ah, ¿y la pataleta de Nicaragua? Ahora resulta que el principal instigador de la crisis, Hugo Chávez, que no tenía nada que ver en el cuento (¿o sí?), es el más pacifista de todos. ¿Porqué? Acaba incluso de llamar a Uribe, dice la prensa colombiana, para fortalecer las relaciones colombo-venezolanas y restablecer la confianza entre los presidentes... ¿Acaso se dio cuenta de que las pruebas contra él, aunque negó todas las acusaciones, eran contundentes? ¿Acaso el apoyo de la mayoría de líderes latinoamericanos a la posición de Ecuador fue muy tibio y no lo suficientemente anti-uribista? Me huele que todos tienen rabo de paja, humedecido con gasolina; y le están corriendo a la candela.
Lo que comenzó como una esperanza para la paz en Colombia se convirtió en una posibilidad concreta de guerra internacional, lo que me parece un desmerecido triunfo de la lucha hipócrita de las FARC. Ese es otro resultado digno de Macondo.
Y después la otra bomba, no menos surreal: Otro miembro del secretariado farco, 'Iván Ríos' cae abatido por uno de sus hombres cercanos, quien decidió ir por la gigantesca recompensa ofrecida por su cabeza. Ahora parece que no fue una decisión totalmente independiente, sino parte de un operativo de inteligencia del ejército colombiano, que vio la posibilidad de infiltrar un desertor de un frente guerrillero para poner el operativo en marcha. El asesinato de 'Ríos' era parte del operativo, pero el envío de la mano derecha para probar que el muerto era el que debía ser sí fue decisión del asesino, alias 'Rojas'. Esa técnica es digna de un carnicero del talante de Pablo Escobar.
Y ahí viene otro dilema moral: ¿La recompensa se paga por información que conduzca a la captura de un criminal o por su asesinato? El ejército acordó que 'Ríos' sería asesinado, lo cual, en términos pragmáticos, no dista mucho de darlo de baja en combate. Pero... el gobierno paga por el asesinato y no por la captura... ¿No es eso pagar un sicario muy caro para hacer el trabajo sucio del ejército? Independientemente de lo positivo o negativo de la muerte de otro miembro del secretariado, preocupa esta política de estado tipo "viejo oeste".
Tanto como cualquiera quiero que en estos Macondos que son Latinoamérica y Colombia haya paz. Pero la forma en que están ocurriendo las cosas, así el resultado sea el fin de las FARC, me entristece. Los tres gobiernos grancolombianos cargan con algo reprochable a sus espaldas, por un lado. Por el otro, las acciones combinadas de las FARC y de Hugo Chávez han dejado la imagen de la izquierda por el suelo en Colombia, con muy pocas esperanzas de cambio a nivel presidencial aunque se vote por candidatos de izquierda moderada para gobernaciones y alcaldías. El giro a la izquierda que Latinoamérica ha venido dando, como reacción a las consecuencias contraproducentes del neoliberalismo impuesto en los 90, se ha visto truncado por el caso de Colombia, teniendo a las FARC y a Chávez como principales culpables. Y la democracia Colombiana se ufana de tener un "superdefensor" como presidente que lamentablemente no tiene las manos limpias...
El Macondo de Gabo era (o es) un lugar maravilloso donde uno se puede perder plácidamente durante horas cuando se leen sus libros. Pero el Macondo grande, de verdad, ese en el que estamos viviendo, es más trágico que cualquier otra cosa. Y cuando todo este embrollo pase y haya paz, para la que al fin hay esperanza, sólo quedará mirar para adelante y andar, porque cuando miremos para atrás sólo van a dar ganas de llorar.
¿Ya han llorado? Con los líos de paras y guerrillos en Colombia yo ya lo he hecho unas cuantas veces.
¿Paz a la vista en Colombia?
(Publicado originalmente el 1º de marzo de 2008 en mi perfil de Facebook)
Lo bueno y lo preocupante de acontecimientos recientes en Colombia...
Cayó alias 'Raúl Reyes', uno de los miembros más importantes del secretariado de las FARC, en combates con el ejército en la frontera colombo-ecuatoriana. Al parecer la política de 'seguridad democrática' del presidente Álvaro Uribe ha dado resultados en términos de golpes asestados a las FARC. La baja de Raúl Reyes es la más reciente de varias victorias que las Fuerzas Armadas (las legales) de Colombia han obtenido, y también es la más importante hasta el momento.
Para aquellos que hemos odiado a las FARC desde que iniciaron su escalada de barbarie en los 90 esta es una buena noticia. Yo la recibí con un júbilo que me duró pocos minutos. Aunque todavía veo la noticia como positiva, hay aspectos que me peocupan por lo que esto significa y por el impacto que tiene sobre la opinión pública.
Desde el punto de vista moral me entristece que la muerte de alguien me alegre, aunque creo que Reyes, Jojoy y Tirofijo tienen una muerte violenta más que merecida. Desde un punto de vista más pragmático hay cosas que me hacen pensar sobre el futuro.
Abro paréntesis:
Hace poco vi un programa en el 'History channel' que nada tenía que ver con política suramericana, pero que me puso a pensar sobre la situación de Colombia. Era un análisis de las analogías y metáforas políticas que se podían extraer de la serie de películas La Guerra de Las Galaxias. Cuando hablaron de cómo la República pasó a ser el primer Imperio Galáctico hubo referencias al Imperio Romano y a las condiciones de la Alemania Nazi bajo el gobierno de Hitler justo antes del inicio de la II Guerra Mundial. Era como si la narración de las condiciones sociales y políticas antes de que el Canciller Palpatine (en el Episodio III: La Venganza del Sith) y el Canciller Hitler (En la Alemania Nazi de los años 30) se hicieran al poder (dictatorial) fuera la narración de lo que ocurre hoy en Colombia: Hay un enemigo que amenaza la estabilidad del estado/república, y surge un líder que parece ser capaz de poner fin a tal amenaza. El líder es reverenciado por multitudes como un mesías-salvador y se le dan poderes extraordinarios para que proteja al pueblo de la amenaza que se avecina. Como resultado, Palpatine (Darth Sidious) se convierte en Emperador y Adolf Hitler en dictador... para no devolver el poder y convertirse en dos de los más grandes tiranos que ha habido, el uno de la historia del cine, y el otro de la historia de la humanidad. La analogía con Colombia la explico más adelante.
Cierro paréntesis.
La caída de Reyes, con todo lo positivo que implica, y con la esperanza que nos da de que el final de las FARC está cerca, fortalece la imagen que Álvaro Uribe tiene de mesías de Colombia, y lo acerca más a una eventual segunda reelección, posibilidad que abrió reformando la constitución en contra del mandato del pueblo, que en un referendo le dijo NO a esa reforma. Si Uribe es reelegido para un tercer período presidencial con el apoyo incondicional, ciego y fanático de muchos colombianos, la democracia en Colombia tiene un futuro muy oscuro. Aunque no creo que Uribe llegue a los extremos a los que llegaron Palpatine/Sidious o Hitler, el camino que tiene por delante parece no ir muy lejos de esos derroteros.
Repito que me alegra la baja de Raúl Reyes, pero me preocupa seriamente el fortalecimiento de la imagen de Mesías de Uribe. Sus victorias militares son agridulces, porque por un lado es lo que muchos colombianos queríamos desde hace mucho, pero por el otro puede ser la base para que se erija una especie de "dictadura constitucional" (nótense las comillas) en un país polarizado en el que las mayorías han optado por inclinarse cada vez más hacia la derecha, una de las grandes paradojas de un país tan pobre como Colombia, que contrasta con la tendencia del resto de América Latina. Además, me molesta que quien es considerado por muchos como el salvador de Colombia sea alguien que tenga sus manos tan manchadas con la sangre de los colombianos inocentes que cayeron víctimas de la brutal avanzada paramilitar que todavía no ha cesado del todo (las AUC están oficialmente desmovilizadas, pero muchos 'paras' siguen operando con sospechosa libertad).
Yo no me opondría a que la ofensiva contra las FARC siga adelante, liderada por el ejército colombiano (SIN la participación de grupos ilegales), bajo las órdenes de otro presidente, que podría ser asesorado por Uribe (si es que se comprueba que no tiene ni tuvo vínculos con paramilitares, cosa que veo bastande difícil). Pero creo que un tercer período de Uribe es peligroso para las libertades civiles del pueblo de Colombia.
Hay esperanzas para que en Colombia finalmente haya paz. Pero necesitamos un nuevo gobierno para garantizar que esa paz sea duradera y se pueda fortalecer. Bajo otro gobierno de Uribe esa eventual paz será muy frágil, y podría comenzar un capítulo sombrío de la historia del país, cuando debería ser uno brillante. Ese capítulo con el que hemos soñado desde hace décadas.
Piedad Córdoba y el racismo en Colombia
(Publicado originalmente el 30 de enero de 2008 en mi perfil de Facebook)
En los últimos meses, y especialmente en semanas recientes he notado cómo eventos políticos que han afectado a Colombia, y en los que se ha involucrado al gobierno de Venezuela (y hasta cierto punto algunos observadores internacionales), ha hecho que muchos colombianos sientan libertad de darle rienda suelta a su racismo.
Colombia siempre ha sido un país racista. Es una de las grandes ironías de un país en el que menos del 10% de la población puede asegurar que el 100% sus genes son europeos, y entre ellos la mayoría desciende de españoles, que como sabemos traen una carga importante de genes africanos y del medio oriente, resultantes de siglos de ocupación musulmana de la península ibérica. Y sin embargo, muchos colombianos, mestizos, se llenan la boca despotricando contra indígenas y afrodescendientes. Y no siempre lo hacen en público por temor al "qué dirán", pero ahora sí que lo proclaman, ¡y de qué manera!
Es bien sabido por todos el papel que la senadora liberal Piedad Córdoba ha cumplido en todo el embrollo de la liberación de rehenes de las FARC con la mediación de Hugo Chávez. Por todos es sabido que la senadora Córdoba ha sido una vocal opositora al actual gobierno colombiano y simpatiza con Chávez. En algunos casos ha dicho cosas que muchos consideran traición a la patria.
Yo estoy en desacuerdo con cosas que ha dicho y hecho, pero tengo claro que las ha dicho y hecho por sus ideales políticos (¿y tal vez algún interés personal?) y no por tener los ancestros que tiene. Pero muchos colombianos no tienen claro que estas opiniones vienen de su cabeza y no de su piel.
Es interesante, si uno se deshace de pasiones, ver cómo mucha gente ataca a la senadora por ser afrocolombiana. Los uribistas se han desecho en insultos a "la negra Piedad", y cada vez que se publica alguna noticia sobre ella llueven insultos, bastante ofensivos y humillantes, que vinculan sus actos políticos con el color de su piel. No pueden separar lo que ven como negativo en sus actos, de lo que a todas luces consideran negativo en el color de su piel. En versiones electrónicas de los periódicos he leído a foristas que incluso piden azotarla, como se hacía hace más de 170 años con sus ancestros (y los míos).
Colombia no ha sido capaz de reconocer abiertamente que muy buena parte de su cultura tiene raíces africanas. Y muchas cosas de las que los colombianos estamos muy orgullosos vienen de África. Seguimos, o más bien siguen, mirando con desprecio a los que tenemos más melanina en la piel, y piensan que el desacuerdo con lo que alguien piensa les da carta blanca para insinuar que todo lo negativo que se hace o dice se explica por ser afrodescendientes. Mi experiencia personal como afrodescendiente me dice que cuando se hace algo bueno se nos reconoce como personas. Cuando se hace algo reprochable, sea por accidente o no, se nos recuerdan nuestras raíces y se insinúa que es por eso que hicimos lo que hicimos.
Los colombianos deberían tener muy claro que el odio que Piedad Córdoba ha despertado en ellos con sus actos no debería ser canalizado hacia su raza, que nada tiene que ver en los acontecimientos políticos en Colombia y Venezuela. Me pregunto si la reacción hacia ella sería tan visceral si fuera blanca (de verdad, o mestiza con ínfulas de blanca como la mayoría de "blancos" colombianos). Me pregunto si "el zambo" Chávez sería tan odiado si no fuera claramente descendiente de indígenas... (noten que lo llaman "zambo" porque para un racista si hay algo "peor" que un "indio" es la mezcla de "indio" y "negro").
Un punto para aclarar: Soy tan opositor de Chávez como lo soy de Uribe. Estoy en desacuerdo con la forma en la que Piedad Córdoba ha manejado su mediación entre las FARC y el gobierno de Colombia. Pero también estoy en total desacuerdo en que se insulte a los actores de acontecimientos políticos por no ser blancos.
¡Colombia, despierta de una buena vez, que para ti ser racista es odiarte a ti misma!
Piedad Córdoba en entrevista con Jairo Gómez en Versión Libre
